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La ley del talión (1956)



El western es un género que permite numerosas posibilidades a la hora de abordar relaciones personales, exponer prejuicios de una época (podría ser cualquier época y no necesariamente aquella en la que se producen los hechos) o desarrollar sentimientos enfrentados que surgen dentro de un entorno como el que habitan los supervivientes de La ley del talión (The Last Wagon, 1956), film que se desarrolla por un territorio hostil donde el único personaje que sabe desenvolverse resulta ser un proscrito. Este western, uno
 de los mejores de Delmer Daves, presenta a su protagonista huyendo por un espacio abierto que se transforma en el escenario acotado de su interacción con quienes se encuentra después de su captura. La primera impresión que se tiene de Comanche Todd (Richard Widmark) podría llevar a engaño, cuando se le observa escapando o atado a la rueda de uno de los carromatos, sin mostrar el menor signo de arrepentimiento por sus delitos. Por lo visto hasta entonces, se trata de un homicida por quien ofrecen una recompensa, además ha vivido entre comanches, lo cual choca con el pensamiento dominante en un grupo todavía intacto. Los instantes previos al ataque apache permiten descubrir que entre el preso y su carcelero, el sheriff Harper (George Mathews), existe algo más que una simple cuestión legal, ya que se trata de un asunto personal tras el que se esconde una doble venganza.


El trato que Todd recibe durante su encadenamiento resulta inhumano, se le niega comida y bebida, porque Harper así lo dispone, incluso dispara para impedir que el joven Billy (
Tommy Rettig) ofrezca al prisionero un poco de agua, algo similar ocurre cuando Clint (Ray Stricklyn) permite que el asesino fume en pipa y el sheriff lo recrimina violentamente. El trato de Harper desvela una cuenta pendiente que se zanja poco después, cuando el comanche blanco mata al representante de la ley y afirma que lo volvería a hacer sin dudarlo, pues también él tenía un asunto personal que necesitaba ser zanjado. Todas estas cuestiones sirven para esbozar la figura del antihéroe interpretado por Widmark, así como la de los supervivientes al ataque indio que se produce poco después. A partir de ahí, La ley del talión se expone como un film de aceptación y de aprendizaje, durante el cual el grupo de jóvenes descubre la verdadera esencia del fugitivo, al tiempo que luchan por sobrevivir en un medio hostil donde el agua y los alimentos escasean. Amenazados por la presencia de los apaches, que se han revelado para vengar la muerte de los suyos a manos del hombre blanco, Todd se erige en líder del grupo a pesar de la oposición de Ridge (Nick Adams) o del odio que muestra Valinda (Stephanie Griffin), condicionada por los prejuicios raciales que enfoca hacia su medio hermana mestiza (Susan Kohner) y hacia ese hombre que se convierte en la única esperanza para todos ellos. A medida que se produce la huida se descubren cuestiones personales del desconocido, que permiten acceder a su pasado, al por qué de su comportamiento y los motivos de su enfrentamiento con el marshall. Pero todo estas cuestiones quedan relegadas a un plano secundario, al menos por el momento, ya que en ese instante prima la supervivencia de un grupo del que también forma parte Jenny (Felicia Farr), la mujer que comprende la naturaleza de Todd, hecho que le genera la atracción que siente hacia el extraño. Un sentimiento similar se genera en su hermano Billy, aunque, para este, nace a raíz de la admiración hacia la imagen paterna a imitar que descubre en Comanche. Como consecuencia de este inesperado contacto se produce un aprendizaje en dos direcciones, por un lado la presencia del fugitivo sirve para que se superen los prejuicios que han condicionado el comportamiento de los jóvenes, mientras que por otro, las palabras y los sentimientos de Jenny cicatrizan las viejas heridas de Comanche Todd, en quien nace una nueva esperanza, a pesar de la desesperada situación que los amenaza.

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