Sin tiempo para digerir los títulos de crédito iniciales, las primeras imágenes de La senda tenebrosa (Dark Passage, 1947) informan de que se ha producido una fuga en la penitenciaria de San Quentin. La cámara encuadra la parte trasera de un camión que transporta bidones vacíos; o eso se sospecha, pues en uno se esconde un fugitivo a quien no se ve, pero de quien se intuye su presencia cuando, desde el interior, mueve el recipiente para que este se balancee y ruede pendiente abajo hasta detenerse y liberar al convicto. La cámara de Delmer Daves ya no muestra un plano general, sino la visión subjetiva del prófugo, tal como había realizado Rouben Mamoulian en los primeros compases de la magistral El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931). La lente de Daves se convierte en los ojos del protagonista, que observan cuanto le rodea, permitiendo que el público se ponga en la piel del fugitivo. Este planteamiento subjetivo no ofrece concesiones ni respiro, creando una atmósfera tensa y opresiva que atrapa y nos adentra en las sombras, en compañía de un fugitivo sin rostro que nos guía desde sus pensamientos y desde las imágenes y sonidos captados por sus sentidos. Durante su primera hora, La senda tenebrosa no muestra el rostro del convicto, salvo en una fotografía publicada en la página del periódico donde se informa a la población de la evasión de Vincent Parry (Humphrey Bogart), quien se ha escapado después de diez años en el presidio. Pero, antes de leer la noticia en el jornal, su crimen y su descripción se descubren mediante la emisión del boletín informativo que escucha en la radio del automóvil que le ha recogido en la carretera. El conductor (Clifton Young) pregunta, le observa y vuelve a preguntar, delatando que le ha descubierto; Parry (la cámara) no deja de mirarle, consciente de que debe tomar una decisión drástica: golpear al desconocido para detener un vehículo que no tarda en abandonar.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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