Ocho meses de primavera y de esplendor fueron apagados en un suspiro de agosto de 1968, cuando los tanques soviéticos tomaron Praga y pusieron fin al sueño de individuos como Jiri Menzel, un sueño que había implicado mayor libertad de expresión y de vida. Aquella libertad de expresión había sido aprovechada por los miembros de la nueva ola checoslovaca para enriquecer una cinematográfica que, entre 1962 y 1968, gozó de envidiable salud. Entre aquellos directores se encontraba Menzel, cuya ironía subversiva y humana provocó que la censura le condenase al ostracismo y, durante años, prohibiese su Alondras en el alambre (Skrivanci na niti, 1969). El humor irónico y humanista expuesto por el cineasta en esta película aboga por la libertad individual dentro de un entorno dogmático que pretende erradicarla para imponer su orden social. Pero ni los trabajadores (señalados de burgueses por parte de las autoridades) ni las prisioneras que protagonizan el film pierden la esperanza ni las ganas de vivir, de expresar sentimientos, de buscar el calor humano en pequeños gestos: caricias, miradas clandestinas o la reunión alrededor de la hoguera a la que se acerca Alden (Jaroslav Satoranský), el guardián que acaba de resolver sus problemas matrimoniales. Los marginados de Alondras en el alambre prefieren el contacto con lo cotidiano a la política estatal de "trabaja y serás feliz, pero siempre que ni dudas ni preguntes". En su cotidianidad laboral, los reubicados charlan, cruzan miradas o rozan sus manos con las de las prisioneras, en leves caricias que expresan emociones tan humanas como la ternura, mientras se muestran indiferentes a la política estatal que fuerza su reeducación en un adiestramiento condicionado por la amenaza de la cárcel o de los campos de trabajos.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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