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¡Vivan los novios! (1969)



El esperpento que venía caracterizando los trabajos de Luis García Berlanga rozó lo grotesco en ¡Viva los novios! En ella un "primo" similar al protagonista de El verdugo (1963) se deja arrastrar por las demandas de su prometida y de su futuro cuñado. De tal manera, como se descubre en el personaje interpretado por Nino Manfredi en relación a su mujer y a su suegro, el periplo de Leonardo (José Luis López Vázquez) confirma su imposibilidad a la hora de asumir sentimientos y necesidades propias. Pero, a pesar de la lucidez que se esconde tras esta propuesta, la película resultó un fracaso comercial y fue el blanco de los varapalos de la crítica del momento; en algunos casos se llegó a decir que el cineasta había perdido la inspiración, que había caído en la vulgaridad y que se copiaba a sí mismo. Nada más lejos de la realidad. Aunque presenta irregularidades que no se descubren en los mejores títulos del realizador valenciano, Plácido (1961) y 
El verdugo (1963), y a primera vista resulta parecida a lo mostrado con anterioridad, no sería justo afirmar que ¡Vivan los novios! carece de personalidad y de aciertos. Se trata de una continuación lógica de las constantes del cine berlanguiano: coral, esperpéntico, crítico y, desde sus colaboraciones con Rafael Azcona, negro en su humor. Quizá una postura más objetiva a la hora de valorar el film sería aquella que contemplase su contexto histórico-social, como también habría que hacer con La escopeta nacional (1977) y su sátira de la transición a la democracia española, puesto que, a diferencia de comedias sin transcendencia cuya temática gira en torno al ligue y al turismo en las costas andaluzas o levantinas, en ¡Vivan los novios! Berlanga empleó esta circunstancia para contraponer, desde su mordacidad, las dos Españas que ocupan un mismo espacio-tiempo, la del boom turístico, símbolo de la modernidad recién adquirida, con la reprimida que se representa en Leonardo, dando prioridad a la parodia, pero también a su corrosiva mirada a la sociedad y al individuo de su época, enfrentando vida (una pintora que simboliza el anhelo del personaje principal) y muerte (una boda que romperá definitivamente las ilusiones del novio, un velatorio y un entierro), la España tradicional con el país que anhela modernizarse, aunque en su intento resulte tan patético como el protagonista de la historia.


En este entorno marítimo-estival, dominado por la presencia de turistas liberados, el apetito sexual de Leonardo despierta de su letargo el víspera de su boda con Loli (
Laly Soldevila). Dicha circunstancia, la de contraer matrimonio a la mañana siguiente, lo empuja en su última noche de soltería a liberarse de sus cadenas (moralidad intransigente) y de las costumbres inculcadas que lo han condicionado y continúan haciéndolo por más que desee desprenderse de ellas. Sin embargo este individuo, definido por su mediocridad y por la aceptación de la misma, solo consigue perder sus zapatos nuevos y alarmarse cuando descubre que la mujer con quien flirtea en un yate, a altas horas de la noche, es un hombre travestido. Al amanecer, resignado a su suerte, regresa a la pensión de su novia y allí, en el interior de una piscina de plástico donde la había dejado disfrutando horas antes, haya el cuerpo sin vida de su madre (Teresa Gisbert). Pero su duelo y el entierro quedan postergados por las decisiones de Loli y de su hermano Pepito (José María Prada), que insisten en proseguir con la ceremonia nupcial, con el banquete y, para mayor sorpresa del sometido, hasta hablan de realizar el viaje de novios. La idea de ambos hermanos contempla el conservar el cadáver en una bañera que llenan de hielo, para que no desprenda olor, y así conducir al protagonista hacia aquello que no quiere, mientras este solo puede llorar, no por su madre, sino porque es consciente de su incapacidad de apartarse del sendero marcado, anteriormente por las ideas maternas y ahora por las de su ya flamante esposa, lo cual le confirma su condena a vivir una vida que no puede cambiar. Para colmo de males, el miedo a que la policía sospeche que doña Trini ha sido asesinada provoca la decisión de hundir el cadáver en el fondo del mar, aunque con la buena o mala fortuna de que alguien lo pesca. A partir de ese instante, el humor grueso da paso a la negrura cómica que domina el resto del metraje de la primera película en color de Berlanga. El temor a las posibles represalias por parte de los organismos oficiales, el control antes asumido por su madre y ahora por su mujer, la presencia del cuerpo en el velatorio en oposición a la fiesta que allí se desata (y que Leonardo aprovecha para intentar materializar su sueño de conquistar a la pintora irlandesa (Patricia Fellner) que había llamado su atención la noche anterior) y el entierro final, donde la multitud guarda las apariencias hasta perder su forma y adquirir la de una araña (devoradora del conjunto y del individuo) son algunas de las situaciones que confirman que, aunque imperfecto, ¡Vivan los novios! fue un paso coherente en el discurso fílmico de Berlanga.

Comentarios

  1. Una de las películas de Berlanga más pesimistas y crueles a la hora de arremeter contra la España real de los sesenta, esa que pretendía cubrir su casposo subdesarrollo con una capa de modernez “europea” y turística. El protagonista de la anécdota, provinciano, frustrado y patético, trata de sacudirse (sin éxito) el opresivo zapatón que aplasta su existencia y se deja engañar por una serie de espejismos que le tienden y que no hacen sino agudizar la dramática disparidad entre su reprimida naturaleza y la falsedad de una España oficial que le ha dopado con sueños de liberación fisiológica que él confunde con inalcanzables metas de romanticismo. El autor de “EL VERDUGO” adoptó un estilo narrativo de absoluto descuido formal y en ocasiones feísta y vulgar (por momentos, cercano a un Mariano Ozores), pero que era el más adecuado para un mejor acercamiento al espectador que le garantizara –desde ahí– el incomodante efecto de un espejo frente a él. Esto podría explicar el rechazo generalizado que sufrió la película en el momento de su estreno.

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    1. Aplaudo tu comentario, Teo. Gracias por compartirlo aquí.

      Saludos.

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