Ir al contenido principal

Tangos. El exilio de Gardel (1985)




<<El destierro es redondo

un círculo, un anillo:
le dan vueltas tus pies, cruzas la tierra,
no es tu tierra,
te despierta la luz, y no es tu luz,
la noche llega: faltan tus estrellas,
hallas hermanos: pero no es tu sangre.>>

(Fragmento de Exilio, de Pablo Neruda)


Debido al control de la censura militar, el cine argentino vivió durante la segunda mitad de la década de 1970 el peor periodo creativo de su historia, y no sería hasta la entrada de la siguiente cuando empezaron a producirse brotes de títulos más comprometidos y de mayor calidad, como serían el drama Tiempo de revancha (1981) y el thriller Últimos días de una víctima (1981), ambas realizadas por Adolfo Aristarain. La tímida aparición de películas críticas con el régimen militar formaba parte del imparable y deseado proceso de democratización que culminó con las elecciones celebradas el 30 de octubre de 1983. La nueva situación política trajo consigo una nueva realidad socio-cultural que afectó a todos los ámbitos del país y, como consecuencia, al medio cinematográfico. La censura fue sustituida por una comisión asesora, lo cual propició el florecimiento de un cine que renacía con fuerza y con la responsabilidad asumida por veteranos y jóvenes realizadores que, desde su mirada retrospectiva y liberal, pretendían reflexionar y dejar constancia de los errores del pasado inmediato. Varias fueron las temáticas que los cineastas abordaron en sus películas, entre ellas el exilio, tratado entre otros por David Lipszyc en Volver (1982) y por 
Fernando Ezequiel "Pino" Solanas en su novedosa e inclasificable ficción musical Tangos. El exilio de Gardel (1985) y en Sur (1988). Pero hubo muchas más producciones que posibilitaron que la cinematografía argentina recobrase el interés y la vitalidad perdida durante la dictadura. Películas complejas, críticas y reflexivas como la exitosa La historia oficial (Luis Puenzo, 1985) y esta producción de Solanas posicionaron al cine argentino a nivel internacional. La primera se alzaba con el Oscar a la mejor producción de habla no inglesa en 1986 mientras que El exilio de Gardel (Tangostriunfaba en todos los festivales internacionales donde se proyectaba. Pero estos reconocimientos no tienen mayor relevancia que aquella que le puede otorgar en su carrera comercial y en el prestigio de sus autores, lo significativo de estas dos producciones, y de otras como el documental La República perdida (Miguel Pérez, 1983), No habrá más penas ni olvidos (Héctor Oliveira, 1983), Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984), Contar hasta las diez (Óscar Barney Finn, 1984) o La noche de los lápices (Héctor Oliveira, 1986), se encuentra en sus temáticas y en cómo fueron expuestas por sus responsables.


El film de Solanas habla de la búsqueda de la identidad perdida en el exilio, que él mismo experimentó d
urante los años que vivió en París, donde solo pudo realizar un único proyecto, el documental La mirada de los otros (Le regard des autres, 1980). De tal manera, Solanas asumió su propia experiencia lejos de su tierra para exponer la intimidad de aquellos que, como él, se vieron divididos en dos partes separadas por un océano y una dictadura. Esas dos mitades se descubren en la capital francesa, en el día a día de los desterrados argentinos, en su desorientación producida por el no saber cuál es su lugar en el mundo, o el saberlo sin poder acceder a él, en sus recuerdos del hogar al que desean regresar y en las personas que anhelan volver a ver. El exilio les ha partido el alma sin que esta pueda unirse en ese espacio ajeno, donde realidad y recuerdos conviven separados, conscientes de la pérdida, del anhelo y del desarraigo que se exponen desde la gestación de la "tanguedia" que los protagonistas del film pretenden llevar a cabo. <<Pero ¿qué es la tanguedia?>>, pregunta una mujer francesa antes de que alguien le explique que es tango, tragedia y comedia. Estos son los tres vértices del espectáculo musical que el grupo de exiliados emplea para exteriorizar sus sentimientos, sus anhelos y su nacionalidad. Mientras se desarrolla un proyecto sin final, se combinan la música, el baile y la intimidad de personajes como Mariana (Marie Laforêt), Juan Dos (Miguel Ángel Solá), Gerardo (Lautaro Murúa) o María (Gabriela Toscado), que narra y canta el exilio que ha vivido desde niña, aunque ella lo concentra en 1979, durante la gestación de la obra musical que sirve de excusa para profundizar en la situación de aquellos que sin patria física se aferran a la que llevan dentro, mientras suspiran por volver a sentirse completos, aunque, como consecuencia de su condición de niña del exilio, la búsqueda de María, la de su lugar y la de su identidad, la diferencia de sus mayores.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...