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Campeón sin corona (1945)



Hablando sobre cine, escucho afirmaciones que me desorientan y generan la sensación de estar dialogando con personas que, por algún despiste, todavía creen que el único cine existente es el producido en Hollywood. En momentos así, me gustaría hacerles comprender que esa idea no es más que el fruto de la propia ignorancia y de la publicidad hollywoodiense, de la mejor distribución y comercialización de sus producciones, cuya superioridad de medios y visión comercial (allí se creó el
star system que desató la febril admiración por actores y actrices e incluso por sus mascotas) han posibilitado desde la época muda su mayor difusión y repercusión internacional. Por este y por otros motivos, también me gustaría decirles que el cine, como cualquier medio de expresión artística, no entiende de fronteras, ya que desde sus orígenes se desarrolló en distintos lugares, aunque sin llegar a convertirse en industria, como sí lo hizo en Alemania, Estados Unidos, Francia, Suecia o Unión Soviética durante el silente. Pero, poco a poco, fueron floreciendo otras cinematografías; una de ellas, la mexicana, también vivió su época dorada durante la década de 1940 y 1950, con títulos, actores y actrices inolvidables, además de contar con excelentes técnicos como los directores de fotografía Alex Phillips o Gabriel Figueroa y directores tan sobresalientes como Emilio Fernández, Roberto Gavaldón o Luis Buñuel. Aunque menos conocido a nivel internacional, otro de los realizadores destacados fue Alejandro Galindo, en cuya filmografía se puede apreciar su interés por analizar aspectos sociales de su época y de su país. Dicha constante se descubre en largometrajes como el drama familiar Una familia de tantas, la comedia urbana ¡Esquina bajan! o en este drama pugilístico que, como tantas otras producciones del subgénero, desarrolla a lo largo de su metraje el auge y la caída de un boxeador.


Aunque más que profundizar en un entorno sombrío en el que todo tiene un precio, como sí lo hacen otras grandes películas que abordan la misma temática, Campeón sin corona se decanta por un aspecto más humano, en algunos puntos similar al que cuatro años después de su realización expondría Mark Robson en El ídolo de barro (Champion,1949). Pero si en el film de Robson el principal enemigo del personaje interpretado por Kirk Douglas es su ambición, en esta destacada película mexicana el handicap de su protagonista se encuentra en su complejo de inferioridad. Roberto "kid" Terranova (David Silva) es un boxeador que teniéndolo todo para triunfar, no puede vencer a su peor enemigo: el complejo de inferioridad ya aludido, el cual sale a relucir en determinados momentos del film. Esta característica de su personalidad lo define como el hombre que se deja vencer por su falta de fe en sí mismo y en sus orígenes. Roberto, nacido en un extracto social desfavorecido, prioriza la posibilidad de medrar para alejarse de su entorno, y lo hace por la inseguridad y la inferioridad que le persigue allí donde se encuentra, al ser incapaz de aceptar su procedencia. Por este motivo se deja impresionar por lo extranjero, lo considera superior a cuanto tiene en casa (cuestión esta que también afecta a algunos países con respecto a otros), pero sobre todo por Susana (Nelly Montiel). A los ojos del púgil ella representa la alta sociedad a la que no tiene acceso, ni siquiera cuando inicia su relación con esta mujer de vida acomodada, para quien el luchador solo es un capricho físico pasajero del que puede desprenderse cuando le plazca, hecho que, cuando se produce, conduce a Roberto al borde del abismo que lo engulle y le lleva a su momento más bajo, aquel durante el cual se descubre vagando por las calles, sin rastro del campeón que pudo haber sido y que no fue.

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