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Ellos y ellas (1955)


Tanto para un actor dramático de las características de Marlon Brando como para un realizador de las inquietudes intelectuales de Joseph L. Mankiewicz, Ellos y ellas (Guys and Dolls, 1955) supuso un reto en sus carreras, ya que, por primera y última vez, ambos se enfrentaron a un género en el que nunca habían participado y dentro del cual no parecían encajar. Entonces ¿por qué aceptar trabajar en un proyecto aparentemente alejado de sus aptitudes e intereses? En el caso del cineasta la explicación podría encontrarse en su gusto por el teatro, muchas de sus películas están basadas en obras de este género literario, aunque en esta ocasión no se trataba de adaptar un drama sino de hacerlo con un musical de éxito, Guys and Dolls (ganadora del premio Tony en 1951), y llevarlo a su terreno. En cuanto al actor, bastó con la confianza que le transmitió el cineasta y con su presencia detrás de las cámaras, ya que ambos se habían entendido a la perfección trabajado en Julio César. Pero antes de que la producción acabase en manos de Mankiewicz, se barajó la posibilidad de que fuese Gene Kelly el encargado de dirigirla, pero este estaba inmerso en el rodaje de otra película. Quizá la elección de Kelly hubiera sido más acorde y menos arriesgada que la del responsable de Operación Cicerón, sin experiencia en el musical, no así el protagonista de Un americano en París, quien, desde sus inicios, venía demostrando su maestría en el género. Como consecuencia de la dirección del responsable de El día de los tramposos, en Ellos y ellas tanto las coreografías
 como las canciones pasaron a un plano secundario, y se priorizó el dotar a los personajes de mayor carga dramática (eso sí desde la comedia). Pero, a pesar de contener características del cine de su autor, el film resultó poco atractivo, si se compara con otras producciones de Mankiewicz, quizá porque en medio de las historias de sus cuatro personajes principales se desarrollan números musicales que poco interesarían al realizador. Por ello, de haber sido Kelly el encargado de trasladar a la pantalla el musical de Jo Swerling y Abe Burrows, estaríamos hablando de un planteamiento distinto, puede que opuesto, en el que prevalecerían los bailes y las canciones sobre las relaciones entre los distintos personajes, adecuándose más a los cánones de un género que había dejado atrás sus días de gloria y pedía a gritos ser renovado.


A pesar de su ritmo irregular, Ellos y ellas posee cierto encanto, como también lo posee e
l Broadway que se observa al inicio del film, rebosante de colorido y de maleantes que se ganan la vida de forma dudosa. Uno de ellos, Nathan Detroit (Frank Sinatra), asoma en la pantalla desesperado ante el acoso del teniente Branningan (Robert Keith), a quien siempre se descubre atosigando al afamado organizador de partidas de dados clandestinas. Esta persecución sin tregua obliga al buscavidas a encontrar un lugar que escape al control policial, donde los jugadores tengan la oportunidad de perder o ganar dinero tentando a la suerte, y sin que nadie les interrumpa. Entre tanto maleante y policía también hay espacio para el ejército de salvación, al que, como es normal en un ambiente tan colorista y desenfadado, nadie hace caso, realidad que provoca el desánimo en la inocente sargento Sarah Brown (Jean Simmons). En este breve lapso temporal Mankiewicz expuso las metas que persiguen dos de sus protagonistas, para poco después hacerlo con Adelaide (Vivian Blaine repitiendo el papel que interpretó en la obra original), quien desea llevar al altar a Detroit, siempre dándole largas y engañándola con dos amantes que llevan escritos en sus caras los números del uno al seis. El cuarto personaje, Sky Masterson (Brando) se presenta poco después, y lo hace como un experto jugador dispuesto a aceptar cualquier apuesta, sobre todo si puede ganar, lo cual le lleva a aceptar el reto de Nathan, que consiste en conquistar a una mujer de principios inalterables como la sargento Brown. Pero una vez vista la película y el romance entre Sarah y Sky se puede concluir que Mankiewicz no salió tan mal parado de su aventura musical como Marlon Brando, cuyo personaje semeja perdido en un ámbito que no es el suyo, además de quedar eclipsado por el interpretado por Frank Sinatra, actor con mayor soltura para las comedias musicales que el mítico protagonista de La ley del silencio.

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