Ir al contenido principal

Siete días de mayo (1963)


Uno de los aciertos de John Frankenheimer a la hora de exponer esta intriga de ficción política residió en equilibrar el suspense y el drama que se desarrollan durante los siete días a las que alude el título, una semana en la que se enfrentan dos posturas excluyentes que se posicionan a favor y en contra del desarme nuclear, siendo una de ellas un peligro potencial para los principios básicos de la democracia en la que habita. Siete días de mayo (Seven Days in May, 1963) se abre con las imágenes de una manifestación donde se observa el choque de dos ideas antagónicas, que también se descubren en los despachos y en el resto de espacios por donde transcurre la acción de una película que se ubica temporalmente durante la Guerra Fría para especular sobre un posible desarme nuclear y las reacciones que este genera en los diversos sectores político-sociales. Inicialmente los manifestantes que se citan en el exterior de la Casa Blanca se muestran pacíficos, pasean enarbolando sus pancartas a favor o en contra del presidente Jordan (Fredric March) o del genaral Scott (Burt Lancaster), aunque el ambiente no tarda en caldearse hasta el extremo de producirse un enfrentamiento físico entre varios de los presentes, hecho que apunta hacia el peligroso distanciamiento que se está produciendo en las altas esferas, donde el líder de la nación es criticado por una actitud que algunos califican de cobarde, la cual, según los militares dominados por prejuicios y miedos como Scott, pone al país a merced del comunismo y de los soviéticos que lo representan. Ambas posturas son presentadas desde la lógica que defienden sus máximos exponentes, aunque no tarda en descubrirse que existe algo más que una disparidad de criterios, ya que el coronel Casey (Kirk Douglas) observa indicios de un posible golpe de estado, tras el cual el general asumiría el mando de la nación. La sospecha de un probable levantamiento armado provoca que el coronel acuda al presidente y le exponga sus sospechas, consciente de que los supuestos en los que se basa no sirven como pruebas. La entrevista entre el oficial y el mandatario muestra la impotencia de este último cuando se convence de que las palabras del militar no son tan descabelladas como cree su consejero (Martin Balsam), sin embargo no puede hacer nada al respecto salvo encontrar un hecho tangible que demuestre la trama y evite un levantamiento que atentaría de forma directa contra la democracia que todos los implicados han jurado defender. El tiempo acotado durante el que se desarrolla Siete días de mayo resulta crucial para el devenir de esa democracia que se encuentra ante una situación límite que podría sustituirla por una dictadura militar que aboga por la ruptura definitiva de las relaciones con los soviéticos y el uso de la fuerza nuclear como arma disuasoria para que prevalezca ese modo de vida contra el que Scott y sus seguidores atentan justificando su comportamiento en la necesidad de salvar la nación, aunque sin reflexionar que son sus actos los que pueden acabar con ella e iniciar una hecatombe nuclear.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...