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Julio César (1953)



Ambición, manipulación o traición aparecen con mayor o menor frecuencia en la obra dramática de William Shakespeare, formando parte de historias que profundizan en las emociones que dominan y guían los actos de sus personajes, víctimas y verdugos de sí mismos. Dicha constante se descubre en la adaptación cinematográfica que Joseph L.Mankiewicz realizó de Julio César (Julius Caesar, 1953), fiel a la obra del celebre dramaturgo inglés, cuyo texto (salvo un par de actos que fueron suprimidos) sirvió de guión para representar los hechos que rodean al asesinato del caudillo romano. <<Cuídate de los idus de marzo>> le advierten a César (Louis Calhern) mientras celebra su triunfal regreso a Roma, donde no todos los presentes se alegran de su victoria sobre Pompeyo, y menos aún aceptan su intención inconfesa pero por todos conocida de alzarse con el poder absoluto. Por tal motivo, un grupo de patricios, en su mayoría también miembros del senado de la república, entre se cuentan Casio (John Gielgud) y Casca (Edmond O'Brien), conspiran en la sombra, conscientes del peligro que conlleva la traición que pretenden llevar a cabo. Para legitimar ante la opinión pública el crimen que les librará de la opresión de alguien que se posicione por encima de ellos, necesitan convencer a Bruto (James Mason), noble respetado y valorado por todo el pueblo romano. Aunque la realidad es otra distinta, y Mankiewicz hace hincapié en la mentira y en el engaño que se esconde detrás de las palabras de los senadores, quienes ocultan sus verdaderas motivaciones para acabar con la vida de un hombre que se cree superior al resto, pero que muestra las mismas carencias que cualquier. Así pues, se descubre que Casio no lucha por la libertad del pueblo, sino por mantener su posición de poder, e incluso aumentarla, mientras el caso de Bruto quizá sea distinto, pues él cree que actúa por el bien de Roma, asumiendo su participación en una acción sangrienta contra aquel a quien dice amar, tras ser convencido mediante la adulación y la mentira, pero también por su idea de ser un hombre de elevadas virtudes morales. De ese modo, llega la fatídica fecha del quince de marzo, y Julio César sucumbe en las escaleras del senado, apuñalado por aquellos de quienes desconfía, pero también por aquellos en quien confía, privándole de su sueño de gloria y poder, gestado por una ambición que no desmerece a la de sus asesinos. Tras la muerte del general, la figura de Marco Antonio (Marlon Brando) cobra mayor presencia, al dirigirse al pueblo para alabar al fallecido, sin embargo emplea la oratoria para llevar a cabo su venganza por la muerte de aquel a quien amaba, lo cual provoca la guerra civil y el triunvirato que comparte con Lépido y Octavio Augusto, cuestión que apunta a que también Antonio sucumbe ante el atractivo del poder, uno de los ejes de esta reflexión shakespeariana sobre el comportamiento humano. 

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