El ritmo de Nuestro hombre en Milán (La mala ordina, 1972) varia desde el aire cómico de su inicio, cuando se presenta al personaje principal, hasta que éste se ve acorralado como una bestia, y como tal lucha por sobrevivir al acoso de Dave Catania (Henry Silva) y Frank Webster (Woody Stroode), los dos pistoleros enviados desde Nueva York para dejar sentado que nadie puede engañar a Corso (Cyril Cusack), el mafioso de la Gran Manzana. Luca Canali (Mario Ardoff) no tiene ni idea de lo que se le viene encima, como demuestra su tranquilidad y su condición de don nadie, ya que se trata de un proxeneta que vive de las mujeres que tiene a su cargo, pero todo cambia a raíz de la reunión entre los dos gángsters americanos y Don Vito Tressoldi (Adolfo Celi), el jefe de la mafia milanesa. Desde que se da la orden de caza, Canali se ve obligado a luchar por su vida, sin poder evitar la muerte de su ex-esposa (Sylva Koscina) y de su hija (Lara Wendel). Presa del miedo sus fuerzas alcanzan cotas que nunca antes habría sospechado, convirtiéndose en un fugitivo peligroso para la organización criminal que le ha entregado como chivo expiatorio para que Nueva York no haga preguntas acerca del dinero extraviado. Nuestro hombre en Milán (La mala ordina) gira entorno a la supervivencia de ese falso culpable que ve como el cerco se estrecha a su alrededor sin saber por qué, obligado a huir y condenado a presenciar, sin poder evitarlo, el brutal atropello de su familia, el cual provoca su venganza, que se inicia con una espectacular persecución, primero motorizada luego a pie, por las calles de Milán. Si en Milán, calibre 9 (1972), la primera película de la trilogía del milieu, Fernando di Leo se mostraba más comedido y reflexivo en todo cuanto rodeaba a su protagonista, en este film ofreció mayor acción, imprimiendo un ritmo más físico y brutal, similar a la asfixia que siente un personaje tan acorralado como Luca Canali, cabeza de turco por la mala decisión de Tressoldi, a quien debe llegar para vengar el asesinato de su familia y acabar de una vez por todas con la sangrienta persecución de la que es víctima.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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