Ir al contenido principal

Suso de Toro, Parado na tormenta


En Parado na tormenta, Suso de Toro non se explica, senón que se expresa, xa sexa en forma de gustos literarios ou de ideas sobre a escritura, a literatura galega, o ser galego e escritor, incluso sobre si mesmo ou, mellor, quizais, sobre o persoaxe de si mesmo, que é ao que tende quen escribe e, dende logo, el o fai. Ademáis, coido que ningún escritor precisa explicación, nin se pode explicar máis alá do evidente e do que un intérprete, pois sempre haberá algo que se lle escape a quen o busque, pois atopará unha ducia de imaxes ou de reflexos na súa obra que velan ou despistan; algo semellante ao que lle acontece a Charles Chaplin no Circo (The Circus, 1927) ou a Orson Welles na Dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1947). Cal escoller? Son todos ou ningún? É imposible coñecer a totalidade da persoa, polo tanto, tampouco pódese abarcar a do artista, entendido este como quen crea un mundo de máscaras no que inclúe parte de si. Cal é o verdadeiro Welles? O do espello ou o das súas películas? O de Fraude (F for Fake, 1973) o que aspira a facer seu a Shakespeare? Ni por asomo, como tampouco é quen parola en Meus almorzos con Orson Welles. E de Chaplin? Que me dis? Será o tipo que vagabundea na pantalla, camiñando a contracorrente, o señor Verdoux, que atina a sinalar a hipocresía da sociedade que o xulga, ou o novo rico que xoga ao tenis con Doug ou con outros na súa luxosa mansión de Hollywood? É todos e ningún; e xa non digamos o da súa Autobiografía, a cal parece deseñada para dar coba a un mesmo. E Suso de Toro? Quen é ese que idea Land Rover, Tic-Tac ou Trece badaladas? Imposible saber alén da dúbida e da posibilidade, primeiro porque somos mil rostros no espello e tamén en fronte del, un escritor é mil caretas máis; segundo, dubido que un mesmo poda explicarse ao estar en evolución constante, en contradición e conflito, en busca de quen era, pois xa no seguinte agora o mundo e máis el son outros, aínda sendo os mesmos do momento anterior; e terceiro, que os demáis necesiten facelo e, no caso de intentalo, acerten ou sequera se aproximen. O máis, sospeito que só rabuñarán na superficie. Mellor é gozar da sinceridade do mentireiro e da fantasía do contacontos, xa que un escritor é un mentireiro, un exhibicionista da sua imaxinación e coñecementos, un inventor (e destructor) de mundos xa contados e de emocións xa vividas, aínda que doutra maneira, e, como mentirán, as súas mentiras son as súas verdades, o seu sentir e a súa ficción que fúndense nas páxinas que non en poucas ocasións facemos nosas, o creernos atoparnos nelas —sexa un ou outro dos mil rostros do lector—. Un escritor precisa interpretación, e as veces obtén compricidade, rexeitamento, diálogo ou discusión e, no peor dos casos, acha a indiferenza xeral. Isto non sucede na obra do compostelán, que sempre asume riscos creativos, porque xa o seu escribir na procura de un no mundo, para de algún xeito desvelalo e sinalar como vai, é poñerse en movemento nun camiñar vital que constrúe e pasea a súa maneira, e esa é, quizáis, a única forma que ten de andar pola vida e pola súa obra…


En Parado na tormenta, Suso de Toro no se explica, sino que se expresa, ya sea en forma de gustos literarios o de ideas sobre la escritura, la literatura gallega, el ser gallego y escritor, incluso sobre sí mismo o, mejor, quizás, sobre el personaje de sí mismo, que es al que tiende quien escribe y, desde luego, él lo hace. Además, pienso que ningún escritor precisa explicación, ni se puede explicar más allá de lo evidente y de lo que uno interprete, pues siempre habrá algo que se le escape a quien lo busque, pues encontrará una docena de imágenes o de reflejos en su obra que velan o despistan; algo semejante a lo que le sucede a Charles Chaplin en El Circo (The Circus, 1927) o a Orson Welles en La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1947). ¿Cuál escoger? ¿Son todos o ninguno? Es imposible conocer la totalidad de la persona, por lo tanto, tampoco se puede abarcar la del artista, entendido este como quien crea un mundo de máscaras en el que incluye parte de sí. ¿Cuál es el verdadero Welles? ¿El del espejo o el de sus películas? ¿El de Fraude (F for Fake, 1973) o el que aspira a hacer suyo a Shakespeare? Ni por asomo, como tampoco es quien conversa en “Mis almuerzos con Orson Welles”. ¿Y de Chaplin? ¿Qué me dices? ¿Será el tipo que vagabundea en la pantalla, caminando a contracorriente? ¿El señor Verdoux, que acierta a señalar la hipocresía de la sociedad que lo juzga, o el nuevo rico que juega al tenis con Doug o con otros en su lujosa mansión de Hollywood? Es todos y ninguno; y ya no digamos el de su Autobiografía, la cual parece diseñada para dar coba a uno mismo. ¿Y Suso de Toro? ¿Quién es ese que idea Land Rover, Tic-Tac o Trece badaladas? Imposible saber más allá de la duda y posibilidad, primero porque somos mil rostros en el espejo y también frente a él, un escritor es mil caretas más; segundo, dudo que uno mismo pueda explicarse al estar en evolución constante, en contradicción y conflicto, en busca de quien era, pues ya en el siguiente ahora el mundo y él son otros, aún siendo los mismos del momento anterior; y tercero, que los demás necesiten hacerlo y, en caso de intentarlo, acierten o siquiera se aproximen. Lo más, sospecho que solo arañarán en la superficie. Mejor es disfrutar de la sinceridad del mentiroso y de la fantasía del cuentacuentos, ya que un escritor es un mentiroso, un exhibicionista de su imaginación y conocimientos, un inventor (y destructor) de mundos ya contados y de emociones ya vividas, aunque de otra manera, y, como mentiroso, sus mentiras son sus verdades, y su sentir y su ficción que se funden en las páginas que no en pocas ocasiones hacemos nuestras, o creemos encontrarnos en ellas —sea uno u otro de los mil rostros del lector—. Un escritor precisa interpretación, y a veces obtiene complicidad, rechazo, diálogo, discusión y, en el peor de los casos, halla la indiferencia general. Esto no sucede en la obra del compostelano, que siempre asume riesgos creativos, porque ya su escribir en busca de uno en el mundo, para de algún modo desvelarlo y señalar cómo va, es ponerse en movimiento en un caminar vital que construye y pasea a su manera, y esa es, quizás, la única forma que tiene de andar por la vida y por su obra…



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...