Resulta un tanto simplista decir que Wojciech Jerzy Has fue un gran adaptador literario, como he leído en alguna parte, porque, en realidad, fue un gran creador cinematográfico, de un universo en el que introduce personajes atrapados en sueños y misterios, en el tiempo, en la vida y en la cercanía de la muerte. El suyo está compuesto de posibilidades audiovisuales y de fantasía, también de imposibilidades vitales, de angustia, de un toque de locura, de disgresiones, de interrogantes y dudas como las que logra plasmar en las casi dos horas de tedio que dominan Una historia aburrida (Nieciekova historia, 1982). El suyo es un universo personal onírico y audiovisual, más que literario, el cual, en parte, se inspira en la literatura que le influyó, pero, como ya he dicho, la literatura —y las obras de Jan Potocki, Bruno Schulz, Anton Chéjov o Frederick Tristan que lleva a la gran pantalla— solo es parte de lo que le inspira y de lo que su cine desvela. Inspirándose en el cuento de Chéjov del que toma su título para la película, Wojciech J. Has regresaba a la dirección después de ocho años inactivo, debido al rechazo que su anterior y mejor film había generado en las autoridades. Pero si El sanatorio de la clepsidra (Sanatorium pod Klepsydia, 1973) es una película más lograda y desbordante, en con Una historia aburrida demostraba que no había perdido su pulso para crear atmósferas, en este caso mucho más plomiza, porque así lo exige la mente del protagonista, ni para jugar con el tiempo y los espacios, generando la sensación de que su personaje central se encuentra atrapado ya no en el lugar físico que ocupa, sino en el mental que le hace ser.
La voz interior del personaje principal desvela parte de qué le sucede al prestigioso profesor de medicina (Gustaw Holoubek) a quien se descubre en su soledad y en su rechazo al mundo que habita, a su familia, a su cotidianidad. En su pensamiento intenta explicarse, responder si todo se reduce a eso, busca huir de la cotidianidad en la que ya la idea de la muerte asoma y en la que todo semeja igual. ¿A eso se reduce la vida humana? ¿A que un día pueda ser mil y mil ya sea solo uno? ¿De qué le ha valido su esfuerzo y el alcanzar el éxito? La sensación de inmovilidad, de vivir en un presente de inexistencia le lleva a recordar su pasado y a reflexionar sobre la existencia en un ahora en el que ya nada parece liberador, todo lo contrario. Escribió Natalia Ginzburg en su estudio sobre Chéjov que en sus cuentos <<nunca aparecen la felicidad en los matrimonios ni la armonía familiar>>, y eso es lo que también asoma en la película de Has. Tanto el matrimonio como la vida familiar lastran al personaje, que no se plantea si el resto de su familia siente igual. Su visión se limita a sus impresiones y a sus sensaciones; lo cual no deja de ser normal, porque es su pensamiento el que reflexiona sobre la vida y el transcurso del tiempo. Su hija Liza (Elwira Romanczuk) ya no es aquella niña a la que llevaba de paseo y a la heladería y Weronika (Anna Milewska), con quien lleva casado desde la juventud, difiere de la chica bondadosa y de fina inteligencia de quien se enamoró. Ahora, es una persona gris, preocupada por la economía del hogar y otras cuestiones que la desvelan tal vez mezquina, seguro que aburrida como las existencias que Has recrea en un espacio cerrado, tan gris como los personajes, del que es imposible escapar o escuchar una carcajada, ni siquiera descubrir una sonrisa o una chipa que, tal vez, ya no exista en ellos. La sensación que Una historia aburrida depara hace honor a su adjetivo y, con solo describir, una jornada de comprende en qué se ha convertido la vida del protagonista, que ya semeja un fantasma. ¿Qué le queda? Su mente viaja a los lugares del pasado que resultan iguales en el presente, pero él ya no es el mismo, ya no es aquel joven lleno de ilusiones, de metas y de vitalidad. ¿Se ha amargado? ¿Ha perdido la capacidad de sorprenderse? ¿Los años lo han vuelto aburrido y pesimista? ¿Le han robado la alegría o es que el conocimiento sin evolución el que amarga? El profesor apenas habla al mundo exterior, casi siempre piensa y siente sobre sí el peso de la “derrota” existencial, que es el peso más arduo y pesado de llevar…
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