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Rosalía e os escaparates

Cadro dedicado a Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837 - Padrón, 1885), obra de Manuel López Garabal, por encargo da Facultade de Filosofía e Letras da Universidade de Santiago de Compostela, no ano 1970.


Sinto indiferenza polos escaparates, pero xa se exhiben neles camisetas, mochilas, bolsos, cuncas e outros obxetos con retratos de Rosalia ou de Castelao como reclamo, a miña indiferenza transfórmase en rexeitamento e, cal home araña, de quen tamén véndense prendas e máis, súbome polas paredes e penso que lle parecía á unha e ao outro verse convertidos en reclamos comerciáis, cal histrións, tiburóns, dinosaurios, magos infantís, bonecas loiras, debuxos Disney ou superheroes inexistentes. Entón, desexo que Rosalia rime o seu desengano e Castelao debuxe en dous de sempre a súa disconformidade empapándoa de humorismo e de recoñecible ironía gráfica. Pero sei que ningún deles pode evitar xa ser vistos en imaxes de consumo que perden a esencia de quen son; ao menos de quen os galegos que fomos madurando no século XX, alleos ao “merchandising” que ten de protagonistas á precursora e ao galeguista, cavilamos e sentimos que son: dous indispensables na revitalización da alma e cultura galegas que resisten en silencio os ataques do tempo, do ninguneo político e da historia que non logra pasarlle por riba. Pero agora céntrome na escritora nada en Compostela en 1837 e pregúntome quen é Rosalía. Unha muller aflixida? Unha romántica tardía? Unha rebelde que chora e canta seu sentir e seu querer? O seu berce? Alguén que laiase da inxustiza humana e dun fado funesto en prosa ou en verso? Alguén que busca unha saída para a dor e a morriña que, como tal, non é o votar en falla un concreto e real, aínda que tamén inclúa a nostalxia? Alguén que ama con todo o seu ser? Ela canta versos de si, de aquelo que coñece e añora, pero tamén versifica o non ver cumprido o ideal, lamenta o soñalo sabendo a súa imposibilidade. A escritora comprende que o desexo, xa se trate do fogar, da familia, da súa propia vida, conducea ao anhelo, a votar de menos todo iso, comprende que só escribindo pode liberarse da aflicción, que é aprender a vivir con ela, pero tamén a escritura permítelle expresar ese quen é; e dalgún xeito isto a libera, aínda que non acade romper as cadeas relacionadas coa súa condición de muller nun tempo que relega a todas elas a un lugar de esquecemento, de silencio, de aceptación-sumisión, que Rosalía non sinte seu. Aférrase ao recordo do idealizado, do sufrido, do querido e perdido,… añora e desafía; añoranza e desafío forman parte desa personalidade e fortaleza súas. Tal vez froito da súa resignación que non derrota, Rosalía viva na contradicción e no conflicto entre o ser e o estar presa da súa época, pero négase a perderse, a renderse. É a súa teima e o seu sentir que a levan cara o espirse na lírica e na poética protesta que, aparte de disconformidade, apunta o xa sido e aquelo non existido, aínda que añorado. Seus versos sinalan a súa identidade, disque rosaliana, a que cobra forma nos seus cantares, nas follas novas o na beira do seu Sar, identidade que ata o final continúa a súa loita íntima…

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Rosalía y los escaparates


Siento indiferencia por los escaparates, pero ya si exhiben en ellos camisetas, mochilas, bolsos, tazas y otros objetos con retratos de Rosalia o de Castelao como reclamo, mi indiferencia se transforma en rechazo y, cual hombre araña, de quien también se venden prendas y más, me subo por las paredes y pienso qué le parecía a la una y al outro verse convertidos en reclamos comerciales, cual payasos, tiburones, dinosaurios, magos infantiles, muñecas rubias, dibujos Disney o superhéroes inexistentes. Entonces, deseo que Rosalia rime su desengaño y Castelao dibuje en dos de siempre su disconformidad empapándola de humorismo y de reconocible ironía gráfica. Pero sé que ninguno de ellos puede evitar ya ser vistos en imágenes de consumo que pierden la esencia de quienes son; al menos de quienes los gallegos que fuimos madurando en el siglo XX, ajenos al “merchandising” que tiene de protagonistas a la precursora y al galeguista, pensamos y sentimos que son: dos indispensables en la revitalización del alma y de la cultura gallegas que resisten en silencio los ataques del tiempo, del ninguneo político y de la historia que no logra pasarle por encima. Pero ahora me centro en la escritora nacida en Compostela en 1837 y me pregunto quien es Rosalía. ¿Una mujer afligida? ¿Una romántica tardía? ¿Una rebelde que llora y canta su sentir y su querer? ¿Su cuna? ¿Alguien que se lamenta de la injusticia humana y de un destino funesto en prosa o en verso? ¿Alguien que busca una salida para el dolor y la morriña que, como tal, no es el echar en falta un concreto y real, aunque también incluya la nostalgia? ¿Alguien que ama con todo su ser? Ella canta versos de sí, de aquello que conoce y añora, pero también versifica el no ver cumplido el ideal, lamenta el soñarlo sabiendo su imposibilidad. La escritora comprende que el deseo, ya se trate del hogar, de la familia, de su propia vida, la conduce al anhelo, a echar de menos todo eso, comprende que solo escribiendo puede liberarse de la aflicción, que es aprender a vivir con ella, pero también la escritura le permite expresar ese quien es; y de algún modo esto la libera, aunque no logre romper las cadenas relacionadas con su condición de mujer en un tiempo que relega a todas ellas a un lugar de olvido, de silencio, de aceptación-sumisión, que Rosalía no siente suyo. Se aferra al recuerdo de lo idealizado, de lo sufrido, de lo querido y perdido,…añora y desafía; añoranza y desafío forman parte de esa personalidad y fortaleza suyas. Tal vez fruto de su resignación que no derrota, Rosalía viva en la contradicción y en el conflicto entre el ser y el estar presa de su época, pero se niega a perderse, a rendirse. Y su fijación y su sentir que la llevan hacia el desnudarse en la lírica y en la poética protesta que, aparte de disconformidad, apunta lo ya sido e aquello nunca existido, aunque añorado. Sus versos señalan su identidad, dicen que rosaliana, la que cobra forma en sus cantares, en hojas nuevas o en la orilla de su Sar, identidad que hasta el final continúa su lucha íntima…

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