Peones grises Por Antonio Pardines Al igual que John le Carré, autor cuya novela adapta el guion de Paul Dehn para Llamada para un muerto ( The Deadly Affair , 1966), Sidney Lumet siempre priorizó la psicología de los personajes y del espacio que habitan —la atmósfera que los envuelve y les afecta, reflejo externo de las emociones y de los sentimientos, de miedos y tensiones— por encima de la acción. Y en buena medida esto se debe a su interés por lo humano del sistema: los tribunales, la policía, la escuela, la familia o, en esta película, el ámbito del espionaje. Así me explico que sus películas mantengan la vigencia y la fuerza que tuvieron el día de su estreno, independientemente de que fuesen o no éxitos de taquilla. Llamada para un muerto es un ejemplo claro de esa predilección, más si cabe si se realiza una comparación —ya sé que alguien podría decir que son odiosas— con cualquier título de la saga 007 de su época, que son películas más pop, coloristas y alegre...