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Llamada para un muerto (1966)

Peones grises   Por Antonio Pardines Al igual que John le Carré, autor cuya novela adapta el guion de Paul Dehn para  Llamada para un muerto ( The Deadly Affair , 1966), Sidney Lumet siempre priorizó la psicología de los personajes y del espacio que habitan —la atmósfera que los envuelve y les afecta, reflejo externo de las emociones y de los sentimientos, de miedos y tensiones— por encima de la acción. Y en buena medida esto se debe a su interés por lo humano del sistema: los tribunales, la policía, la escuela, la familia o, en esta película, el ámbito del espionaje. Así me explico que sus películas mantengan la vigencia y la fuerza que tuvieron el día de su estreno, independientemente de que fuesen o no éxitos de taquilla. Llamada para un muerto  es un ejemplo claro de esa predilección, más si cabe si se realiza una comparación —ya sé que alguien podría decir que son odiosas— con cualquier título de la saga 007 de su época, que son películas más pop, coloristas y alegre...

De guerra hasta las cejas

De guerra hasta las cejas Por Antonio Pardines La narración de Michael Herr que da forma a Despachos de guerra ( Dispatches , 1977) carece de cinismo. El reportero no pierde su compasión, ni la oculta, tampoco alardea de ella. Ni esconde el dolor ni la locura, tampoco la admiración hacia quienes se convierten en sus compañeros ni el sentimiento hacia los jóvenes soldados condenados a perder su inocencia, a convertirse en cadáveres, en heridos, en supervivientes, en víctimas y en asesinos, en viejos prematuros que viven a una distancia que el corresponsal comprende que nunca llegará a cruzar realmente.  Esa necesidad de abrirse, de mirarse a sí mismo y al entorno, le permite no caer en el cinismo del corresponsal que presume estar de vuelta de todo, aquel que asume tener muchos «huevos». Pero Herr sabe que nadie lo está, salvo un enajenado, un muerto en vida o quien emplea dicha presunción como una máscara que le proteja o le permita alardear. Herr no lo hace, sabe que no hay nada ...

Fragmentos de nada: usuario

Fragmentos de nada: usuario Por Antonio Pardines De pie, delante de la ventanilla del registro de la propiedad intelectual, con varios papeles cubiertos y las tasas de rigor abonadas, me sorprendió escuchar que me llamaban usuario, no persona ni tipo, ni cliente, ni gilipollas. Ni siquiera un indeterminado alguien; del estilo «tienes a alguien ahí esperando». Bien es cierto que no me lo dijeron directamente a la cara, sino que fue la manera empleada por una mujer —cuya forma de saludar me resultó agradable— para referirse a mí cuando le advirtió al amable y tranquilo encargado del registro que había algo o alguien aguardando para usarle. ¡Quiera Dios que no me vea nunca en la obligación de hacerlo! Ya bastante tengo con usarme a mí mismo y con acudir a registrar propiedades de mi dudoso intelecto, pues el muy bribón siempre está dudando y el dudar cansa lo suyo. ¿Qué no tendré que registrar más adelante? ¿Mis sentimientos? ¿Mis emociones? ¿Mis residuos corporales? Tal vez por ello me p...

Rescate en el Mar del Norte (1979)

Sin ideas para asaltar un tren, abordemos un barco Por Antonio Pardines Todos nos quedamos sin ideas creativas; si no es de vivos, será de muertos. Así que tampoco se debe ser severo con alguien como Andrew V. McLaglen, hijo del gran Victor y uno de los directores recurrentes en la última parte de la filmografía de John Wayne, a quien dirigió en cinco títulos a mayor gloria de la leyenda del actor, pero que nada más aportan a su filmografía. Seguramente, el bueno de Marion, alias  Duke , elevado a los altares con el nombre que le dio Raoul Walsh cuando lo dirigió en  La gran jornada  ( The Big Trail , 1930), lo había visto en pantalones cortos, correteando por los platós donde él mismo limpiaba para el tío Ford. Sí, trabajaba con una escoba en mano, utensilio que no mucho después sustituiría por una botella las jornadas de fiesta y por un rifle en las laborales. Mas habría que preguntarle a su ilustrísima, el inimitable director de  La diligencia  ( Stagecoach ,...

Fragmentos de nada: Amigos o enemigos

Fragmentos de nada: Amigos o enemigos Por Antonio Pardines En una de las películas protagonizadas por Cantinflas, alguien le pregunta si los jinetes que se aproximan son amigos o enemigos. Y el bueno de Mario Moreno le responde algo así como: «Ándele, pues deben de ser amigos, que vienen todos juntos». Y ahí está el detalle, título de otra de sus comedias —tal vez la mejor de las que protagonizó—, que tomo prestado para introducir que el binomio amigo-enemigo planteado a Cantinflas ya había sido señalado por Carl Schmitt cuando afirmó algo así como que la política no es una gestión neutral, sino un conflicto de identidades entre los suyos y los de otros. ¿Pero quién fue este Schmitt que tantas décadas atrás señaló la base del populismo actual? Pues es el mismo Schmitt que justificó y legitimó el sistema jurídico de la Alemania nazi, tal como escribe Manuel Rivas en su espléndida novela Os libros arden mal  —publicada en gallego por Edicións Xerais; y en castellano, por Alfaguara—. ...

Esbozar sobre Emil Jannings

Esbozar sobre Emil Jannings Por Antonio Pardines ¿Qué decir sobre su talento? ¿Que le permitió pasar del silente al sonoro sin apenas resentirse? ¿Por dónde empezar? ¿Aquel día de 1884 en el que vio la luz en Suiza o aquella otra jornada austriaca de 1950 en la que falleció? ¿Dónde iniciar un breve esbozo sobre Emil Jannings sin caer en alabanzas a su arte en escena ni en ataques a su decisión de afiliarse al partido nazi, tal como hicieron Hugo Boss, Martin Heidegger, Herbert von Karajan o Carl Schmitt? ¿En su momento de gloria, cuya cima se puede situar en la gala de los premios Oscar de 1929, a la cual no asistió porque estaba regresando (imagino que por mar) a Europa? ¿O situarlo y sitiarlo decrépito y orondo, en plenitud de su patetismo, no en un Berlín arrasado por las bombas aliadas, sino en una pequeña localidad alpina llamada Berchtesgaden, cuando, al final de la guerra, corría con su estatuilla dorada al mejor actor del año en mano, mostrándosela a los soldados estadounidense...

Un optimista de vacaciones (1962)

Días de familia Por Antonio Pardines El hogar y la familia han sido temas recurrentes en el cine desde los albores del medio. Se han tratado en pantalla desde la comedia hasta el terror, pasando por el melodrama y otros géneros como la ciencia ficción y el  western . Lo que queda claro es la importancia que la sociedad concede a ambos, lo cual es totalmente explicable porque somos sociedades sedentarias y estas se componen de núcleos familiares —aunque desde un tiempo a esta parte de carácter nuclear—, que serían algo así como los primeros grupos sociales, aquellos que derivarían en los clanes y sucesivas etapas evolutivas que nos han traído hasta aquí. Antes de la revolución industrial, la familia estaba formada por varias generaciones, desde los abuelos hasta los nietos, formando un grupo numeroso que se acogía a la autoridad del patriarca; pero los nuevos tiempos redujeron el número de miembros, pasando a la familia nuclear y, posteriormente, a la monoparental, aquella que hace ...