Ir al contenido principal

El sexto sentido (1999)


El largometraje que dio popularidad a M. Night Shyamalan es más de lo que aparenta; no por las sorpresas y los giros que aquellas deparan, momentos como los referidos por Cole (Haley Joel Osment) cuando le dice a Malcolm (Bruce Willis) que todos los cuentos han de tenerlos para no perder la atención de su auditorio, para mantenerlo entretenido y que no disminuya el interés por la historia que el cuenta cuentos narra. Esto lo cumplen Shyamalan y El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999); el director y guionista como cuentista y la película como ejemplo de sorpresas que se introducen entre la intimidad compartida por los protagonistas. Gracias a la atmósfera espectral generada, el cineasta juega a sus anchas con el público mientras habla del sufrimiento de Cole, de la incomunicación en la que habita, de su miedo, del acoso por ser diferente, de su aislamiento hiriente. Entre trampas y golpes de efecto, el cineasta muestra lo que quiere y sirve a sus intenciones, pero, más allá de los trucos narrativos y de los fantasmas que pueda asomar por el film, descubrimos una película sobre la soledad, la dificultad del niño para transmitir lo que le sucede, el terror que le genera lo que le sucede y la angustia que conlleva no poder contarlo, ni siquiera a su madre (Toni Collete).


En relación a lo dicho, la interpretación de
Haley Joel Osment transmite en gestos, expresiones y mirada, angustia o esperanza; el estado emocional del personaje, el que confunde a su madre, incapaz de comprender qué le sucede a su hijo, lo cual extrema la preocupación y depara su imposibilidad comunicativa. Ese mismo comportamiento infantil llama la atención de Malcolm, el reputado psicólogo que intenta explicarlo racionalmente para poder ayudar al niño. En realidad, necesita ayudar a Cole para ayudarse a sí mismo, para redimirse y dejar de sentir la culpa que le impide olvidar —ve en Cole su oportunidad para enmendar su error con el muchacho a quien cree que falló tiempo atrás. La relación que se establece entre el niño y el adulto resulta terapéutica para ambos; aunque el segundo no lo vea así. Resulta una relación de ayuda mutua. Su interacción con Cole permite a Malcolm hablar de su propio dolor, aquel que intenta silenciar, incluso negar, en su soledad o en sus visitas al niño. El psicólogo se aferra a un tiempo en el que no se encuentra, en el que existe en la distancia del ser amado: Anne (Olivia Williams), quien completa el plantel de personajes de peso de un film que sorprendió en la taquilla, pero no por la intimidad que explora, sino por la sorpresa final, quizá el momento más bajo del metraje, pero también el de mayor efecto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...