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El experimento del Dr.Quatermass (1955)


De los dos directores pioneros de la Hammer quien alcanzó mayor prestigio fue Terence Fisher, gracias a sus excelentes aportaciones al género de terror, no obstante, fue Val Guest el responsable del primer éxito de la productora. Si bien Guest no poseía un estilo personal que sí se aprecia en la obra de Fisher, fue un cineasta capaz de sacar adelante cualquier proyecto que le encargasen, ya fuese dentro o fuera del mítico estudio para el que realizó catorce películas, entre las que se encuentra su díptico sobre el profesor Quatermass: El experimento del Dr.Quatermass (The Quatermass Xperiment) y Quatermass II, dos de las mejores producciones de ciencia-ficción de los años cincuenta. Además de este par de títulos imprescindibles de la fantasía científica, a Guest se le deben la excelente El día en el que la Tierra explotó y dos interesantes producciones que también encajarían dentro de la ciencia-ficción: El abominable hombre de las nievesCuando los dinosaurios dominaban la Tierra. Posteriormente, en 1967, Roy Ward Baker tomaría el relevo para completar con ¿Qué sucedió entonces? la brillante trilogía sobre el personaje creado por Nigel Kneale para un serial que la BBC estrenó en julio de 1953. La popularidad alcanzada por Quatermass en la pequeña pantalla auguraba una buena acogida para una adaptación cinematográfica, que vio la luz dos años después en este clásico que combina a partes iguales fantaciencia y terror. El experimento del doctor Quatermass se inicia con un cohete que se estrella en algún lugar de la campiña inglesa, donde poco después se reúne un grupo de curiosos que ignoran, al igual que le sucede al espectador, que forma parte del experimento que Quatermass (Brian Donlevy) envió al espacio. Con la aparición del científico se desvelan algunas cuestiones, como la de que en el interior del vehículo viajaban tres astronautas, sin embargo, cuando logran abrir la puerta de la nave se descubre algo más, que solo uno ha regresado. Victor Carroon (Richard Wordsworth), el único superviviente, apenas puede articular la palabra ayuda, que el científico desoye porque pretende aclarar los extraños sucesos que rodean a la expedición. Ni siquiera la presencia de la sufrida esposa de Carroon (Margia Dean) desvía la atención del doctor, ajeno a sentimentalismos, ya que su dedicación a la ciencia se antepone a cualquier otro aspecto. Quatermass ni es un doctor chiflado ni un malvado, pero sí un hombre obcecado con la investigación espacial, de hecho, y a pesar de todo cuanto ocurre como consecuencia de su experimento, al final del film dice: <<necesitaré ayuda para volver a empezar>>. Esta frase confirma su entrega, pues vive por y para la ciencia, la misma que le opone al inspector Lomax (Jack Warner), que se define como un individuo rutinario a quien no le gusta leer ciencia-ficción, dejando claro su pragmatismo y su intención de encontrar respuestas claras y precisas, aunque accede a que sea Quatermass el encargado de una indagación que gira alrededor de la figura del herido. Carron pasa todo tipo de pruebas, aunque éstas nada desvelan, salvo que su estado empeora. Val Guest se sirvió de este personaje para crear una atmósfera inquietante que aumenta cuando el profesor y el policía contemplan la película extraída de la cámara de la nave, en la que observan a los tres astronautas antes de la muerte de dos de ellos. Durante esta proyección solo el científico es capaz de comprender que un organismo invisible consumió a los viajeros espaciales, el mismo microorganismo alienígena que ahora habita en Carroon, quien, gracias a la ayuda de una esposa inconsciente del peligro que corre, logra escapar del hospital donde le mantenían en observación. Durante esta parte final, Guest homenajeó a dos clásicos del cine de terror: primero a El Doctor Frankenstein (James Whale, 1931), durante el encuentro de Victor con una niña a quien se niega a matar a pesar de las intenciones de su huésped, y poco después a La mujer pantera (Jacques Tourneur, 1941), en el zoológico donde Quatermass y Lomax descubren que cualquier resto del Victor humano ha dejado de existir, víctima del ser microscópico que evolucionó en su interior; el mismo contra el que luchó y el mismo que se ha reproducido hasta alcanzar unas dimensiones gigantescas.

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