Aparte de una ingeniosa y sutil sátira de la sociedad de la televisión, Bienvenido Mr. Chance (Being There, 1979) fue un punto de inflexión en la carrera de Hal Ashby tras las cámaras. A partir de esta película, en la que adaptaba el no menos ingenioso libro de Jerzy Kosinski —también responsable del guion—, y debido a sus excentricidades y a sus excesos, no volvería a repetir los éxitos vividos durante la década de 1970 con títulos como Harold y Maud (Harold and Maud, 1971), El último deber (The Last Detail, 1974), Shampoo (1975), El regreso (Coming Home, 1978) o esta tragicomedia en la que su peculiar protagonista triunfa dentro de una sociedad que, siendo infantil y devoradora de sí misma, presume de avanzada e inteligente. El mundo de Chance Gardiner (Peter Sellers), llamado así por la casualidad y el jardín que cuida desde lo que para él sería siempre, se ve limitado por una discapacidad intelectual heredada y por los muros de la mansión en la que ha vivido desde niño. Allí se le observa silencioso, ajeno a cuanto no sea pulsar los botones de su querido mando a distancia, de su también querido televisor —su ventana al mundo y el espejo de sí mismo—, cuidar el jardín o sacar brillo al lujoso automóvil que no le pertenece, y al que nunca ha subido. Pero con la muerte de su protector y las cuestiones legales derivadas de la defunción, su tranquila monotonía recibe la visita de una pareja de abogados que, al no poder justificar la presencia del jardinero, le invitan a abandonar la protección conocida. Por primera vez, Chance sale al exterior, a un entorno por donde deambula desprotegido. Lo hace a ritmo de una versión “disco” de Así habló Zarathustra, en un guiño a los primates de 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968) en su primer paso hacia la humanización. Paraguas en mano, también Chance da su primer y su segundo paso en un espacio que desconoce y que todavía no domina, un espacio caótico, de crisis económica y social, donde la mediocridad se imponen en la pequeña pantalla y la violencia hace lo propio en las calles, aunque él lo interpreta desde su desconocimiento y su limitada comprensión del medio, la misma limitación que le permite triunfar entre y sobre las mentes privilegiadas de la sociedad.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




Comentarios
Publicar un comentario