Aunque en la España de la dictadura franquista no existió un movimiento cinematográfico de carácter realista ni social, sí hubo directores y guionistas que agudizaron el ingenio para mostrar parte de los defectos, efectos y afectos de una sociedad dominada por la carestía, la religiosidad y por una ideología nada proclive a permitir que sus miserias saliesen a relucir en la pantalla. Sin embargo, la censura no supo o no pudo impedir que cineastas como Luis García Berlanga afinasen su puntería crítica y su sana ironía en comedias en las que satirizaron con alegría y lucidez, y dosis de entrañable “mala leche”, la realidad de un país condicionado por su presente, entre el encierro en sí mismo y la necesidad de evolución. Dentro de este marco espacio-temporal, donde confluyen tradición, doble moralidad, humor y picaresca, se descubre a los representantes de las fuerzas vivas de Fontecilla, antaño localidad orgullosa de sus aguas medicinales, pero en el presente de Los jueves, milagro (1957) desolada ante la falta de visitantes. Esta precaria situación afecta a la economía de los vecinos más influyentes del lugar, que, conscientes de la inutilidad de rezar, a la espera de que se produzca un milagro, deciden inventarse uno que atraiga en masa a los turistas, y el dinero que guardan en sus bolsillos, porque dinero es el objetivo perseguido por los honrados pilares de un pequeño pueblo que por momentos recuerda al Villar del Río de ¡Bienvenido, Mister Marshall! (1952).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Comentarios
Publicar un comentario