Ir al contenido principal

Nacida en el oeste (1959)


Dentro del ciclo Ranown dirigido por Budd Boetticher e interpretado por Randolph Scott, Nacida en el oeste (Westbound, 1959) se presenta como la más atípica del conjunto, de hecho podría no encuadrarse dentro del mismo al presentar características que la alejan de la serie. En primer lugar no fue distribuida por la Columbia, sino por la Warner Bros., además tampoco fue producida por Harry Joe Brown, el socio de Scott, sino por Henry Blanke. Pero aparte de estas dos cuestiones existen otras que también la diferencian del resto de los westerns que componen el ciclo; sin ir más lejos, en ninguna de las otras seis se especifica una ubicación temporal que sí se muestra en este film, que se inicia con un rótulo donde se advierte de la guerra que se está librando entre el norte y el sur, y de la importancia del transporte del oro con el que se paga a las tropas de la Unión. Inmediatamente después de la introducción se descubre que el personaje interpretado por Scott no cabalga en busca de venganza, sino que se encuentra en presencia de sus superiores, quienes le encargan una misión que resulta vital para el devenir de la contienda. Al capitán John Hayes se le ordena poner en marcha la línea de diligencia que transporta el oro desde California hasta territorio norteño, sin embargo, la situación resulta complicada al tener que enfrentarse con el rechazo de los civiles y con la presencia de agentes confederados que tienen el deber de impedir que el metal dorado llegue a su destino. En Nacida en el Oeste (Westbound) se anteponen dos hombres con un pasado en común, Hayes y Clay Putman (Andrew Duggan), en el que habrían coincidido y amado a la misma mujer (Virginia Mayo), ahora esposa del segundo; de ese modo se sabe que mantiene aspectos enfrentados, pero también similares como sería la intención de luchar por aquéllo en lo que creen. E
l personaje interpretado por Scott posee rasgos más positivos que en otros westerns de la serie, ya que no siente odio hacia el hombre con quien se enfrenta, y si lo hace es porque se encuentran en bandos opuestos, no porque aquél haya matado a alguno de sus seres queridos. Como consecuencia de seguir órdenes y no sentimientos, el capitán no representa a la figura del vengador, aunque sí a la del solitario, a pesar de que su soledad disminuye gracias a su contacto con Jeanie Miller (Karen Steele) y Rod Miller (Michael Fante), el soldado con quien comparte transporte y a quien descubre sin un brazo, consecuencia de una herida de guerra; éste último hecho se presenta como un posible conflicto dentro del matrimonio, pues implica una adaptación psíquica similar, aunque menos desarrollada, a la experimentada por el marinero Parrish en la espléndida Los mejores años de nuestras vidas (William Wyler, 1946). Retomando el hilo de similitudes y diferencias, se deduce del comportamiento de Hayes que se trata de un hombre que no se detendrá hasta ver realizada su misión, cuestión que le iguala a los otros cowboys solitarios de Ranown, y como aquéllos acaba enfrentándose a un pistolero, que en este caso responde al nombre de Mace (Michael Pate) y se encuentra bajo las órdenes de Puttman, aunque, cuando comprende que el hombre para quien trabaja no busca el oro, sino la victoria confederada, se descontrola y da rienda suelta a su violencia. A pesar de los aciertos de Nacida en el oeste, resulta la más irregular de las siete producciones que Scott y Boetticher realizaron entre 1956 y 1960, sin embargo, como parecido final sí posee la contundencia narrativa de su director, capaz de manejarse como nadie en el western de bajo presupuesto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...