Ir al contenido principal

El Dorado (1966)

Uno de los ejes fundamentales en la obra cinematográfica de Howard Hawks se descubre en las relaciones de sus personajes en películas como Solo los ángeles tienen alas, Río Rojo, Río de sangre, Río Bravo, Hatari o Río Lobo, que ofrecen enfoques complementarios de la amistad que une a dos o más individuos en situaciones alejadas de aquéllo considerado como normal. Dicha constante se erige en el centro argumental de El Dorado, western que a menudo se considera un remake de Río Bravo, sin embargo desde el primer momento se apuntan diferencias entre ambos films que podrían poner en tela de juicio tal apreciación. La historia de El Dorado muestra evidentes paralelismos con la narrada en el anterior western hawksiano, pero su exposición resulta menos opresiva en cuanto a los espacios y a la fotografía, además de dotar de cierto tono paródico a sus dos personajes principales, derrotados, entrados en edad, que sufren un cansancio vital que en su precedente aún no era definitivo; así pues nos encontramos ante un sheriff alcoholizado y un pistolero que ya no puede disparar porque su lado derecho queda inmovilizado como consecuencia de una bala incrustada cerca de su espina dorsal. En este punto fue donde Hawks ironizó en mayor medida, pues les enfrenta, incapacitados por su adicción al alcohol o por su parálisis lateral, a un puñado de pistoleros profesionales con la única ayuda de un viejo ayudante (Arthur Hunnicutt), similar al interpretado anteriormente por Walter Brennan, y del joven inexperto que, avanzada la película, seguirá al errante Cole Thornton (John Wayne) hasta el pueblo donde éste se reúne definitivamente con ese amigo que le necesita. El Dorado arranca con una introducción inexistente en Río Bravo, en ella se presenta la amistad que une a John Paul Harrah (Robert Mitchum) y Thornton, recién llegado al pueblo donde Harrah ejerce de sheriff. Cole se encuentra en la localidad porque ha sido contratado como revólver de alquiler por Bart Jason (Edward Asner), el terrateniente que desea apoderarse de las tierras de un pequeño propietario llamado Kevin MacDonald (R.G.Armstrong). Esos instantes iniciales también sirven para comprender que Cole es un mercenario que prioriza sus valores por encima del dinero; no duda en rechazar la oferta de Jason cuando su amigo le comenta las intenciones de aquél. Del mismo modo, gracias a esos primeros compases, se comprende que el lazo inquebrantable que les une se forjó en un pasado que se deja entrever cuando Maudie (Charlene Holt) lo alude después de abrazar al forastero sin poder ocultar el amor que le profesa. Además de apuntar aspectos de la personalidad de Thorton, el prefacio muestra su accidental encuentro con dos de los hijos de MacDonald, Luke (Johnny Crawford), a quien hiere antes de que aquél se suicide como consecuencia de su herida, y Joey (Michele Carey), la chica que dispara sobre Cole después de que éste entregue el cadáver de Luke a sus padres. A partir de ese instante, y con la bala amenazando su espina dorsal, Thornton se aleja una vez más de su amigo y de la mujer que le ama, cuestión que Hawks aprovechó para avanzar unos seis meses y presentar otro punto geográfico, donde se produce el encuentro entre el maduro pistolero y el joven Mississipi (James Caan), inexperto en el manejo de armas de fuego y desorientado tras ver cumplida su venganza. Río Bravo resulta más rápida en cuanto al desarrollo de los hechos que se centran, en exclusiva, en el pueblo donde se encarcela al criminal que crea la situación límite, por contra, El Dorado solo se centra en una localización semejante hacia la segunda mitad del metraje, cuando Thorton regresa en compañía de Mississippi para ayudar a ese amigo que, tras haber sufrido un desengaño amoroso, ahoga sus penas en alcohol.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...