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El déspota (1953)


Viudo, huraño, despótico, tiránico, y no menos tacaño, se descubre a Henry Horatio Hobson (
Charles Laughton) rodeado de sus tres hijas; a dos de las cuales pretende casar lo antes posible (y a poder ser sin dote), para así librarse de sus presencias y manutención. En sus intenciones también se contempla que Maggie (Brenda de Benzie), la mayor, se quede para servirle, pues la eficiencia de ésta es indispensable para la buena marcha del negocio y del hogar. El pensamiento del patriarca muestra una clara tendencia a preocuparse única y exclusivamente por sus intereses, sin pensar en cómo estos afectan a quienes le rodean, aunque los satélites sean sus propias hijas. Este zapatero de éxito resulta ser un egoísta empedernido, a quien le gusta reunirse con sus amiguetes en el pub, donde demuestra su gusto por la bebida y su capacidad para la oratoria exagerada, de la que se sirve para alardear de su absoluto control del negocio y de la familia. El déspota (Hobson's choice) fue la segunda y última comedia de David Lean, y en ella se percibe cierta influencia del señor Scrooge ideado por Charles Dickens (autor a quien Lean adaptó en varas ocasiones) o del mito de Pigmalión; además fue el adiós del cineasta al blanco y negro y al dominio de los espacios interiores que se descubre en sus películas enteramente británicas. Pero volviendo al orondo zapatero, se puede decir que su similitud con Mr.Scrooge no reside en el físico sino en que nunca muestra buenos sentimientos, ni siquiera hacia sus hijas o hacia Will Mossop (John Mills), su talentoso empleado, artífice de buena parte del éxito de la empresa de calzado, a quien trata como si fuese un objeto de su propiedad. Sin embargo, como le ocurrió al tirano de Cuento de Navidad, su cotidianidad sufre un vuelco inesperado, en este caso no es responsabilidad de fantasmas pasados, presentes o futuros, sino de Maggie, que por su cuenta y riesgo y sin dar opción a protestas, anuncia lo impensable: piensa contraer matrimonio y el elegido es Will. La decisión de la mayor de las Hobson sorprende al padre, pero sobre todo al iletrado, tímido e inseguro Mossop, quien en un primer momento no sabe qué pensar al respecto de esa imposición marital que cambiará su vida, y su modo de entenderla. Así pues, desde su sumisión, se deja manipular y cede a las pretensiones de Maggie, aunque ligeramente condicionado por los malos modos que emplea su jefe para disuadirle de que no tome esposa, y menos si ésta es la hija que quería como criada. La futura señora Mossop y su acomplejado prometido abandonan la zapatería decididos a iniciar una nueva etapa en sus vidas, que comienza con el aprendizaje de Will, a cargo de Maggie, mujer de grandes recursos, que asume la educación de su futuro esposo, moldeándolo para que se convierta en un triunfador letrado, seguro y decidido que acabe por imponerse a su despótico padre. El tono humorístico de El déspota fluye sin altibajos, en gran medida gracias a las interpretaciones de sus tres protagonistas principales, pero también a la inteligente puesta en escena planteada por David Lean, quien demostró que sabía manejarse con soltura dentro de un género en el que a penas se prodigó.

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