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28 días después (2002)



Las imágenes de revueltas ciudadanas, luchas callejeras, cargas policiales, en definitiva aquellas en las que el hombre se enfrenta al hombre, se observan en las pantallas del laboratorio la primera jornada de infección, pero no cabe duda que esa tónica de violencia sería la dominante durante los veintiocho días que transcurren desde ese momento, cuando se liberan los monos infectados, hasta el instante en el cual Jim (
Cilliam Murphy) se despierta en un Londres desierto. ¿El mundo ha cambiado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Jim no tiene las respuestas, aunque conoce parte de los hechos cuando dos supervivientes le salvan la vida. Mark (Noah Huntley) le habla de las pérdidas de familiares, de como el virus se extendió por toda la isla y como el pánico dominó a la población, antes de que esta fuese infectándose de ira. Mientras, Selena (Naomi Harris), su otra salvadora, apenas pronuncia más palabras que aquellas que delatan su afán por sobrevivir a cualquier precio. Los infectados del film de Danny Boyle se mueven con velocidad en busca de su único objetivo: saciar su hambre de sangre humana; pero ¿en qué se diferencian de los no infectados? Durante un paréntesis de tregua, que se inicia poco después de la muerte de Mark, Jim y Selena descubren a Frank (Brendan Gleeson) y Hannah (Megan Burns), padre e hija, con quienes emprenden un viaje hacia la esperanza, por un recorrido que les permite sentir de nuevo el vínculo familiar y la necesidad de cuidar de cada uno de los miembros del reducido núcleo; durante ese paréntesis los aspectos positivos son los guías de sus actos, pero dicho periodo de humanidad concluye cuando Frank se infecta en el emplazamiento al que han llegado en busca de la salvación y de las respuestas que no encuentran. Allí solo observan la misma desolación, muerte y lucha que pretendían dejar atrás, pero que anida en los individuos no infectados con quienes se topan: soldados que no tardan en convertirse en una amenaza similar a la de los zombis que han dejado atrás. De ese modo, los tres supervivientes descubren que los no infectados pueden parecerse a los sanguinarios de los que han escapado, ya que los soldados se guían por un instinto sádico de supervivencia con el que pretenden calmar miedos y satisfacer deseos. El trío de recién llegados descubre, quizá demasiado tarde, que se encuentran en un lugar donde la locura no depende de un virus sino de la irracionalidad que surge en momentos de desesperación, y que genera el brutal comportamiento del pelotón cuando desvelan sus verdaderas intenciones. Con la muerte de Frank, Jim asume la responsabilidad de ser el cabeza de familia, se aferra a esa idea, provocando su constante estado de alerta ante las palabras de un oficial (Christopher Eccleston) que da la sensación de haber perdido la cordura. Para Jim existen dos prioridades: sobrevivir y proteger a Selena y a Hannah, transformándose en un superviviente obligado a emplear la violencia que domina allí donde mira. En 28 días después (28 Days Later) el peligro se esconde en el interior de la especie humana, en sus decisiones y en sus comportamientos agresivos, pero ¿existe esperanza?, se preguntaría Jim cuando logra escapar de la muerte y observa el cielo y descubre la estela de un avión que le da la respuesta, hecho que le empuja a luchar contra semejantes cuyas decisiones les iguala a los infectados, que a esas alturas de 28 días después resultan menos amenazantes que el propio ser humano.

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