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Rosalía e a súa voz libre


Na memoria popular (de quen non percorreu as súas liñas e os seus versos), fica a imaxe dunha Rosalía que sofre en Follas Novas (1880) e a da poetisa que revindica a identidade do pobo galego en Cantares Gallegos (1863), pero a escritora era máis que unha chorona ou unha galeguista, etiquetas que chegarían despóis. Rosalía era unha muller que tiña clara conciencia de ser muller, nai e galega, e de que selo acarrexaba inxustizas sociais. Máis aínda, era quen de saber que na súa época ser muller, nun mundo xa non so de homes e para homes, senón tamén de ricos e pobres, de cidadáns de primeira e de terceira, de opresores e oprimidos, enmudecía as voces discordantes e, sobre todo, pechaba as bocas femininas, a súa posibilidade de falar, de dicir quen é e de expresar canto sinte ou o que lle pete. Pero ela non calou. Falou e contra esa inxustiza protestou. Mais Rosalía non carecía de ironía, enerxía e clase ao facelo, pois non era a imaxe pasiva que ollou o mundo no mar de bágoas no que o imaxinario popular quíxoa afogar para convertela nunha martir, nun símbolo, nun mito. Mais ela foi quen de asumir a súa voz e esa voz era a dunha muller con nome propio que expresaba o seu sentir e o sentir de tantas outras (e tantos outros). Ese imaxinario lémbraa dende o estereotipo, pero nada máis lonxe de quen era a muller que publicou o artigo Lieders en 1858, o primeiro manifesto feminista escrito en Galicia, e probablemente en España. Esta osadía xa di que non era típica, que non se pode achagarse a súa figura establecendo etiquetas e zonas comúns, pois ela non encaixaría en ningunha. Por iso gústame, porque é de verdade; non é un mito, nin unha marca que vender, nin unha estampa nunha camiseta…


Ben certo que literariamente non é o seu texto máis importante, nin que aporta ás letras galegas, pois está escrito en castelán, pero é evidente o singular do seu contido e o de publicar na metade do século XIX un manifesto como Lieders, un que fala ás claras do sentir da Rosalía muller. Mais adiante chegarían as súas maxistrales aportacións ás letras galegas: Cantares Gallegos e Follas Novas, quizais o máis relevante, íntimo e mellor dos poemarios desta galega indispensable no rexurxir dunha lingua unha e outra vez atacada, unha fala que sobreviviu, tal como apuntou Castelao, nos voces dun pobo que mantivo a súa cultura e incultura contra as casteláns que quixeronlle impor dende séculos atrás. En Rosalía renace con forza é con alma esa fala galega, a que da forma a Cantares Gallegos e a qué da alma escrita a súa interioridade de poetisa en Follas Novas, sen dúbida un dos poemarios máis modernos, rebeldes e universais (suma de emocións e sentimentos comúns, aínda que particulares, aos seres humanos) escritos en calquerea das linguas peninsulares da Ibérica…


*****


Lieders, de Rosalía de Castro 


¡Oh, no quiero ceñirme a las reglas del arte! Mis pensamientos son vagabundos, mi imaginación errante, y mi alma sólo se satiface de impresiones.


Jamás ha dominado en mi alma la esperanza de la gloria, ni he soñado nunca con laureles que oprimiesen mi frente. Sólo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios, aunque alrededor hubiese sentido, desde la cuna ya, el ruido de las cadenas que debían aprisionarme para siempre, porque el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud.


Yo, sin embargo, soy libre, libre como los pájaros, como las brisas; como los árabes en el desierto y el pirata en el mar.


Libre es mi corazón, libre mi alma, y libre mi pensamiento, que se alza hasta el cielo y desciende hasta la tierra soberbio como Luzbel y dulce como una esperanza.


Cuando los señores de la tierra me amenazan con una mirada, o quieren marcar mi frente con un mancha de oprobio, yo me río como ellos se ríen y hago, en apariencia, mi iniquidad más grande que su iniquidad. En el fondo, no obstante, mi corazón es bueno; pero no acato los mandatos de mis iguales y creo que su hechura es igual a mi hechura, y que su carne es igual a mi carne.


Yo soy libre. Nada puede contener la marcha de mis pensamientos, y ellos son la ley que rige mi destino.


¡Oh mujer! ¿Por qué siendo tan pura vienen a proyectarse sobre los blancos rayos que despide tu frente las impías sombras de los vicios de la Tierra? ¿Por qué los hombres derraman sobre ti la inmundicia de sus excesos, despreciando y aborreciendo después en tu moribundo cansancio lo horrible de sus mismos desórdenes y de sus calenturientos delirios?


Todo lo que viene a formarse de sombrío y macilento en tu mirada después del primer destello de tu juventud inocente, todo lo que viene a manchar de cieno los blancos ropajes con que te vistieron las primeras alboradas de tu infancia, y a extinguir tus olorosas esencias y borrar las imágenes de la virtud en tu pensamiento, todo te lo transmiten ellos, todo..., y sin embargo, te desprecian.


Los remordimientos son la herencia de las mujeres débiles. Ellos corroen su existencia con el recuerdo de unos placeres que hoy compraron a costa de su felicidad y que mañana pesarán sobre su alma como plomo candente.


Espectros dormidos que descansan impasibles en el regazo que se dispone a recibir otro objeto que el que ellos nos presentan, y abrazos que reciben otros abrazos que hemos jurado no admitir jamás.


Dolores punzantes y desgarradores por lo pasado, arrepentimientos vanos, enmiendas de un instante y reproducciones eternas en la culpa, y un deseo de virtud para lo futuro, un nombre honrado y sin mancillar que poder entregar al hombre que nos pide sinceramente una existencia desnuda de riquezas, mas pródiga en bondades y sensaciones vírgenes.


He aquí las luchas precedidas siempre por los remordimientos que velan nuestro sueño, nuestras esperanzas, nuestras ambiciones.


¡Y todo esto por una debilidad!


Rosalía de Castro: Obra Completa. Fundación Rosalía de Castro, Padrón, 1996.

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