Ir al contenido principal

El truco final (El prestigio) (2006)


Todo truco se fundamenta en un engaño, en la ilusión que aquel genera, y la magia no deja de ser una ilusión tan grande como pueda serlo el cine que, como medio artístico, está condenado a representar; lo cual, si uno piensa en Orson Welles o Alfred Hitchcock, dos de los mayores ilusionistas cinematográficos, tampoco es una mala condena, pues en esa representación nace la obra de arte. En todo caso, el cine nunca podrá ser la realidad, salvo que transformemos la realidad en cine y preparemos nuestras vidas como actuaciones cara el público, de lo cual ya vamos en camino, pues la representación asoma dominante en la cotidianidad, en los días de fiesta y en las pantallas de los móviles donde asoman imágenes, engaños, sentencias y dogmas. Pero ¿quién recuerda cuando el mundo no fue un escenario? El cine de Christopher Nolan siempre aspira a engañar, siempre hace trucos, los suyos no son de magia sino cinematográficos, empleando el montaje y la actuación que le permiten jugar con la identidad de sus personajes al tiempo que crea la ilusión y juega con el tiempo y el espacio, algo que en la realidad mundana resulta (por ahora) imposible. Como ilusionista, sabe que la gente quiere que se le engañe, siempre que el engaño le produzca placer, le proporcione entretenimiento y evasión de sí misma, de su cotidianidad. Para lograrlo, emplea trucos, que <<cuando se saben, resultan muy obvios>>, como le dice Sara a Alfred, y necesita tres actos: la presentación, la actuación y el prestigio…


En cierto modo, Nolan es como uno de sus magos y de cualquiera de su público, puesto que cae en su propia mentira, en creerse el engaño. Los aplausos y la fama pasan por recompensa, lo elevan a donde quiere, a ser un ídolo de masas, pero dudo que Nolan hubiese aspirado el algún momento en ser algo más que un ilusionista; me refiero que no parece alguien dispuesto a detenerse, a contemplar e interrogar qué ve y que puede haber detrás de la imagen. Así —doy por hecho—, Nolan asume que el cine es magia; dicho de otro modo, el cine es un engaño, una ilusión, un truco que precisa de actos para atrapar y sorprender a su público. Para ello, el británico crea distracciones, que son fundamentales para el éxito de ese truco final hacia el que suele dirigir el interés de sus películas. Tal vez, debido a ello, maree a la cámara y haga de ella una ingenua que solo ve lo que él quiere que vea; y así nosotros también lo vemos, pues nada parece haber más allá de ese escenario planeado con una única finalidad: “el prestigio”. Recordando lo visto en El truco final (el prestigio) (The Prestige, 2006), me da la impresión de que Nolan no le interesa establecer un diálogo, sino su truco de prestidigitación. La persona queda relegada a un plano secundario, no se trata de un cineasta que se adentre y profundice en el alma de sus personajes, tal como sí hicieron Andrei Tarkovski o Ingmar Bergman; lo suyo es el espectáculo, el generar un divertimento que le permita desarrollar sus intereses, introducir el conflicto de identidad que se descubre en no pocos de sus personajes y la complejidad del tiempo, aunque en ambos casos en la superficie donde, mediante distracciones, desarrolla su magia cinematográfica, aunque, en ocasiones como esta, no me funcione…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...