Un cuento, como quizá piense el doctor Evans (Robert Ryan) mientras escucha el relato del niño protagonista, una fantasía, según apunta la imaginación de Peter (Dean Stockwell) y el inicio de la narración de su historia, una metáfora, en la interpretación de las palabras y de las imágenes, una advertencia sobre las peligrosas consecuencias de los prejuicios, intolerancias o de cualquier caza de brujas —el propio Joseph Losey, responsable del film, sufriría una que le obligaría a exiliarse en Europa—, una defensa de la disparidad, de la comprensión y la tolerancia, El muchacho de los cabellos verdes (The Boy with Green Hair, 1948), primer largometraje de Losey, es todo eso y más, puesto que también es voz para los muertos y los huérfanos de guerra, para las minorías oprimidas, y la evocadora imagen de la dignidad y del dolor que se citan en el inolvidable rostro infantil de Dean Stockwell cuando su aislamiento —rodeado de adultos y observado por los niños que le habían perseguido— es absoluto. En ese instante, sus lágrimas resbalan inocentes e impotentes frente a la tiranía, la incomprensión y la intolerancia de la uniformidad abrazada por la mayoría y consentida por el silencio de quienes, aunque bondadosos y generosos como Gramp (Pat O’Brien), callan el atropello del cual, en su mutismo, se hacen cómplices.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



Magnífica ópera prima de Losey, un director que, como el protagonista de la película, también fue considerado un bicho raro en el Hollywood de aquel entonces. Dean Stockwell, por cierto, falleció hace apenas unos días.
ResponderEliminarSaludos.
Coincido contigo, es un debut espléndido. ¿Y qué decir de Dean Stockwell? Inolvidable.
EliminarSaludos.
Una película inolvidable que pide ver de niña y sigue estando en mi memoria y corazón.
ResponderEliminarSí, es de esas películas que marcan.
EliminarSaludos.