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El honor perdido de Katharina Blum (1975)


Una fiesta de disfraces, una noche con un extraño a quien vigila la policía y una sospecha de complicidad bastan para que, armados hasta los dientes, varios agentes irrumpan a la mañana siguiente en la casa de Katharina Blum (Angela Winkler) y, ante la ausencia del sospechoso, esta sea arrestada, expuesta a los medios de comunicación como cómplice del presunto criminal y llevada a la comisaría donde el comisario Beizmenne (Mario Adorf) y el fiscal Hach (Rolf Becker) la interrogan sobre Ludwig Götten (Jürgen Prochnov), el supuesto anarquista y sospechoso de robar un banco de quien se ha enamorado a primera vista. Así se inicia la pesadilla existencial para la protagonista de El honor perdido de Katharina Blum (Die verlorene ehre der Katharina Blum, 1975), un exitoso drama de denuncia realizado por Volker Schlöndorff y Margaretha von Trotta, que, aparte del éxito público y de las críticas de la publicación Bild-Zeitung y de facciones del partido CDU (Unión Demócrata Cristiana), significó el debut de la segunda en la realización. La directora había colaborado como actriz y guionista en anteriores filmes de Schlöndorff, pero fue esta adaptación del preciso y también crítico informe novelesco que Heinrich Böl escribió en 1974 el que le abrió el paso a la dirección, iniciándose de ese modo la carrera tras las cámaras de una de las realizadoras más destacadas del cine alemán del último cuarto del siglo XX. Tanto ella como Schlöndorff, dos figuras clave en el desarrollo del Nuevo Cine Alemán surgido durante la década de 1960, alcanzaron una de sus cotas en esta minuciosa y controvertida crónica de la destrucción moral de su protagonista a manos de la prensa sensacionalista, la cual, con el beneplácito del comisario de policía, la difama hasta llevarla al límite. La historia de Katharina es la historia de una mujer honesta, orgullosa y leal, cuyo código de valores choca con la realidad en la que vive un país marcado por la violencia de las Facciones del Ejército Rojo (RAF) y la contundente respuesta de las autoridades federales. También es la historia de una mujer enamorada, que salta a la palestra mediática a raíz de su detención y de su posterior puesta en libertad. La policía sigue sus pasos para dar con el escondite de Götten mientras Tötges (Dieter Laser), el periodista de El periódico, indaga en el pasado de la protagonista, pero inventando y transformando la realidad que publica para aumentar su prestigio y la tirada de la publicación ficticia que remite al Bild-Zeitung real, como deja constancia la aclaración inicial de la novela y el final del film: <<las personas que se citan y los hechos que se relatan son producto de la fantasía del autor. Si ciertos procedimientos periodísticos recuerdan los del "Bild-Zeitung" el paralelismo no es intencionado ni casual, es inevitable>> (Heinrich Böll). Las mentiras publicadas provocan el constante acoso sufrido por la protagonista: llamadas telefónicas anónimas, notas sin firma que la denigran o los insultos que sufre en la cafetería donde su presencia no deja indiferente a quienes la señalan ni a quien vierte el contenido de su vaso sobre el rostro de Katharina. Ella es víctima de sus sentimientos (enamorada de un hombre que la corresponde y de quien nada sabe), de su férreo sentido de lo correcto, de la frivolidad que la rodea, del silencio con el que guarda la identidad del importante empresario y político que, tras acosarla, no quiere que el caso le salpique, de la policía que, convertida en su sombra, escucha sus conversaciones y de los medios de comunicación que, remitiendo a la libertad de prensa y obviando el principio básico de la misma (la verdad), no dudan en inventar portadas sensacionalistas con falsedades que señalan y hunden a la mujer que se ha convertido en el blanco de la persecución Tötges y de los atropellos narrados por Schlöndorff y von Trotta, una pareja que fue contundente en su crítica hacia el periodismo amarillo.

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