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Bajo el sol de Roma (1948)


El neorrealismo no solo expuso la realidad desde un punto de vista dramático; en ocasiones también lo hizo desde un enfoque cómico como el que se descubre en Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1951), sin lugar a dudas el gran referente de este tipo de producciones tragicómicas en las que se expusieron, desde un humor dramático de alto contenido crítico, los problemas sociales que dominaban en la Italia de la posguerra, o como en el caso de Bajo el sol de Roma (Sotto il sole di Roma, 1948) en tiempo de guerra. La riqueza de estas producciones se encuentra en la disparidad de sus planteamientos, pues si el film de Vittorio de Sica se descubre desde una imaginativa fantasía, Bajo el sol de Roma (Sotto il sole di Roma, 1948) lo hace desde los recuerdos y experiencias de Ciro (Oscar Blando), un adolescente que cuenta su historia desde un presente indeterminado, en el que habla de sus desventuras a lo largo de tres etapas consecutivas que se suceden durante la Segunda Guerra Mundial: la Roma no ocupada, la ocupada por el ejército alemán y la liberada (y ocupada) por los aliados. El gran acierto de Renato Castellani, o al menos uno de ellos, residió en dotar a
 Bajo el sol de Roma de un tono picaresco que, como tal, permite descubrir el drama que subyace en la cotidianidad del adolescente, dejando para el final los momentos más trágicos de aquellos días en los cuales las esperanzas de juventud se perdían sin remedio. Poco a poco se descubre la Roma de los años mozos de Ciro, cuando éste se divertía con sus amigos o empezaba a sentir cierta atracción hacia su vecina Iris (Liliana Mancini), la mujer que se convierte a lo largo de la historia en la conciencia de este joven que siempre se encuentra desorientado dentro de un entorno donde, en un primer instante, no se ha concienciado de la presencia de la guerra ni del significado de la misma.


En consonancia con su intención de exponer una realidad de la época,
 Bajo el sol de Roma se ubica en un espacio y tiempo concretos donde y durante los cuales la carestía forma parte del día a día, lo mismo sucede con la amenazante presencia del ejército de ocupación o con el mercado negro que se encuentra por las calles y los alrededores de una ciudad plagada de esa miseria que inicialmente pasa desapercibida para Ciro, quien en su jovial adolescencia se reúne con sus amigos para ir al bañarse al río o para realizar gamberradas que a menudo traspasan la frontera de lo legal. Pero esta vida de despreocupación finaliza por dos causas: la llegada de los alemanes y su enamoramiento, que no logra aceptarlo de un modo definitivo; de ese modo el adolescente inicia su duro aprendizaje vital, que arranca cuando, por casualidad, conoce a Geppa (Francesco Golisano), el joven sin techo que vive en el Coliseo, con quien mantiene una estrecha amistad a lo largo de su deambular por un entorno lleno de avatares. La concienciación prosigue su curso, y ésta implica experiencias dramáticas y dolorosas como la pérdida de un ser querido, hecho que provoca el sentimiento de culpa que le atormenta cuando descubre que su madre ha muerto mientras él se encontraba ausente. Este momento de choque con la realidad provoca que el tono del film cambie y se adentre definitivamente en el drama, provocado por la desorientación de Ciro, que se deja arrastrar dentro de un espacio de miseria y delincuencia del que Iris, siempre presente, intenta sacarlo, aunque no siempre con éxito.

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