domingo, 22 de mayo de 2011

El tesoro de Sierra Madre (1948)

Como todas las grandes películas de John Huston, El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre) es una historia de perdedores, de hombres que buscan un sueño y se dejan atrapar en él. Dobbs (Humphrey Bogart), un estadounidense que se encuentra en México, no tiene ni un centavo, inconveniente que le obliga a mendigar. Esta situación presenta a un hombre desilusionado, pero honrado. Él no roba, lo único que pretende es encontrar un empleo que le permita subsistir, y que se le niega por su condición de extranjero. Sin embargo, cuando tiene la oportunidad de trabajar no la desaprovecha, pero el capataz le engaña, a él y a su nuevo compañero de desdichas, Curtin (Tim Holt), un joven compatriota con quien comparte penalidades. Estafados y sin blanca no les queda más alternativa que pasar la noche en un albergue de mala muerte donde conocen a Howard (Walter Huston), el simpático anciano que les habla de la posibilidad de conseguir oro en las montañas de Sierra Madre. La idea del poderoso mineral empieza a anidar en sus cerebros, es la gran oportunidad, pero necesitan dinero, indispensable para poder emprender una aventura que les proporcionaría la riqueza soñada. Conseguido el primer objetivo, el trío de perdedores parte hacia Sierra Madre, cordillera alejada de la civilización que se presenta ante ellos como una amiga que les permitirá alcanzar su meta. Sin embargo, la conquista del objetivo principal, el oro, acarrea miedo, ambición, codicia, violencia, desconfianza e, incluso, la idea del asesinato. Lo que hasta ese momento había sido una amistad aparentemente inquebrantable, se convierte en una constante relación de sospecha y temor. El miedo a ser estafado provoca que Dobbs exija que el oro extraído se divida, y que cada uno guarde (oculte) o proteja su parte. De igual modo indica que la cantidad a la que deben llegar debe ser mayor que la que pretendían en un principio, pues la fortuna les sonríe y deben aprovecharla. A medida que transcurren los minutos, el Dobbs inicial da paso a un Dobbs que ha permitido que la ambición cegadora le imposibilite ver la realidad tal y como es; sin poder evitarlo observa cuanto le rodea de un modo irreal, ve en sus compañeros a rivales, que están dispuestos a cualquier cosa con tal de hacerse con su parte del tesoro. Algo semejante le ocurre a Curtin, sin embargo, éste logra superar la tentación cuando se le presenta. El tesoro de Sierra Madre es una magnífica mezcla de aventura, drama y suspense, que ofrece una de las imágenes más patéticas del ser humano, aquella que se deja arrastrar por la codicia desmedida, cuyo efecto cambia comportamientos y pensamientos a la vez que provoca un final que bien podría ser una broma del destino. Ni que decir tiene que John Huston mostró mejor que nunca el enfrentamiento interno-externo que se desata entre sus perdedores, inmersos en una vida de carencias y miserias que provoca que Dobbs se aferre con fuerza a la idea del preciado metal que envilece su alma, y que le domina hasta el extremo de incapacitarlo para regir sus actos, lo cual provoca la perdida de su honestidad inicial y la enfermedad que le aqueja, aquella que le impide ver en sí mismo lo que sí se imagina en sus compañeros.

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