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¿En qué piensan las mujeres? (2000)

En su segunda película, Nancy Meyers no sale del tópico ni de la comedia “amable” y se sitúa en el homenaje a la screwball comedy; al menos toma de ella la lucha de sexos que lleva a las puertas del siglo XXI, a un momento en el que la mujer se hace con el mercado y Nick Marshall (Mel Gibson), definido por su ex-mujer como “machote”, evidencia un comportamiento que alguien en la oficina califica de políticamente incorrecto. Lo cierto es que no le interesa nada que no sea su placer y su ego, de modo que tampoco resulta extraño que no comprenda ni sepa cómo llegar a ellas, más allá de su donjuanismo. Debido a ese cambio en el mercado y en la sociedad, su jefe (Alan Alda) contrata de directora creativa a Darcy Maguire (Helen Hunt), pues Nick no sabe qué quieren las mujeres y su ignorancia podría perjudicar las ventas de sus clientes. Solo puede o quiere verlas como cuerpos, hasta que su accidente casero obra el milagro que le permite escuchar la voz interior de las mujeres…

El oír los pensamientos ajenos es inicialmente una maldición para él, pero también una fuente de posibilidades y de poder, ya que accede a una información de incalculable valor que le acerca al conocimiento, al control y a la manipulación de los sujetos de quienes conoce sus pensamientos y sus pautas. Esto resulta igual de evidente en la realidad porque dicha manipulación está ahí, sin ocultarse, realizándose a simple vista y con el consentimiento del individuo manipulado (y agradecido) por ser controlado por un sistema que le seduce y le atrapa, en buena medida, gracias a los hábitos que el propio individuo hace públicos en todo momento. Regala su privacidad y esto resulta fundamental a los medios para establecer su perfil. Desvela sin pudor y de modo compulsivo sus estados de ánimo, sus ideas, sus gustos, sus comidas, su baños en la playa o lo que esté haciendo en ese instante que prepara para llamar la atención sobre sí y que comparten en las redes sociales. Esa información permite conocer más sobre sus gustos, carencias y querencias, y afinar los productos que ofrecerle para que compre y continue durmiendo en su cotidianidad de consumo. El personaje de Mel Gibson en ¿En qué piensan las mujeres? (What Women, Want, 2000) es publicista y, por tanto, un manipulador que tiene acceso a estudios de hábitos y de mercado, pero no al pensamiento de las compradoras en potencia ni al de sus conquistas. Pero algo cambia en su vida, cuando accede al pensamiento femenino y logra la información que le permite controlar un entorno que desconocía. La psicóloga a la que visita después de su accidente, le dice una realidad incontestable: que emplee su don en su beneficio y se convertirá en el rey del mundo. Y así lo hace, al menos al principio, aunque algo en él se transforma al escuchar y comprender a las mujeres que le rodean, a quienes antes solo había visto como objetivos o conquistas, pero a quienes nunca había comprendido. El origen de Nick, admirador de la voz de Sinatra, que es la que quiere oír, es similar al de coreógrafo a quien da vida Roy Scheider en Empieza el espectáculo (All That Jazz, Bob Fosse, 1979), ambos son hombres que de niños se criaron en el mundo del espectáculo, rodeados de coristas y, en el caso de Nick, también de un ejemplo masculino que influyó en su carácter, estableciendo en él patrones machistas que desarrolla el adulto en quien se convierte y a quien descubrimos previo a que empiece a escuchar a las mujeres y a que el amor se le presente en la oficina…



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