Ir al contenido principal

Grita libertad (1987)

En algunos policiacos se dejan oír voces que piden <<léanle sus derechos>> y otras que explican que <<tiene derecho a guardar silencio; todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra. Tiene derecho a un abogado. De no poder costearlo, se le asignará uno de oficio>>. Esto reduce los Derechos a dos, que aumentan a tres al incluir una llamada telefónica; pero no es de lo que quiero hablar. Tampoco de que sin dinero, a priori, la defensa a la que se tiene derecho será peor que si se pueden costear los servicios de los mejores abogados, que no son de oficio y son quienes más cobran por alquilar su tiempo y su dedicación. Quizá me equivoque, pero esto parece indicar cierta desigualdad del individuo (según sus posibilidades económicas) ante la ley y dentro del sistema legal que no siempre responde a la idea de justicia moral y natural. Pero lo que me llama la atención es otra cosa: el derecho legal a permanecer callado. No suele hablarse de él, pues, habitualmente, permanecer en silencio es una opción que se escoge en relación a tener o no algo que decir. Lo corriente es escuchar algo así como <<¡Tenemos derecho a hablar!>> Pero ¿quién dice la de veces que habrá ejercido su derecho al silencio? Sin embargo, existen ocasiones en las que permanecer callado no es una elección personal, sino una imposición externa. En el primer caso, no se habrá dicho por motivos dispares: no ofender, desinterés, no tener nada que añadir y tantos otros como cada quien pueda tener para callarse cuando lo decide por voluntad propia. Ahí es un derecho suyo —a expresar su libertad en silencio—, uno que nadie puede arrebatarle salvo a golpes o bajo coacción. Pero hay casos en el que el silencio obedece a factores ajenos al individuo, pero que le afectan hasta el extremo de depararle el miedo a hablar y la negación a hacerlo. Reza el dicho que <<quien calla, otorga>>, pero, en ocasiones, callar no es más que consentir y consentir no siempre es lo que se debe hacer. A veces hay que disentir y expresarse contra la opinión implantada que atenta contra el individuo o una comunidad cualquiera, aun a riesgo de ser señalado, vituperado, atacado, encarcelado, asesinado.

Da vértigo pensar en verse en una situación así; ¿cómo actuar? No debe ser sencillo abrir la boca, pues, en esos instantes, no se trata de hablar por hablar, actividad practicada por un elevado número de voces a diario. Se trata de expresar libremente, de denunciar injusticias, de clamar con conocimiento de causa incluso a riesgo de la propia vida, tal como hicieron Steve Biko y Donald Woods respecto al apartheid sudafricano. Biko se convirtió en un líder para la mayoría segregada y por ello fue confinado, encarcelando, torturado y asesinado a los treinta años. Expresaba su postura antiapartheid y fundó el Movimiento de Conciencia Negra, pero el sistema intentó erradicar su voz, lo mismo que intentó con la de Mandela y tantos otros, empleando la fuerza y el terror. El “delito” de Biko fue nacer negro y estar orgulloso de serlo en un país donde los suyos tenían que callar, dejarse pisotear y aceptar el lugar que se les indicaba. Pero él no estaba dispuesto a que le silenciaran, posicionándose desde mediados de 1960 por una igualdad real, no la paternalista que quizá algún día les ofreciese el poder blanco. No podía callar ante la injusticia sufrida; no quiso hacerlo y así nació el activista que se dispuso a luchar por la dignidad y los derechos que las autoridades les negaban.

La biografía Biko y la autobiografía Asking for Trouble son los libros de Donald Woods que inspiraron el guion de John Briley para la película Grita libertad (Cry Freedom, Richard Attenborough, 1987), en la que Denzel Washington dio vida a Biko y Kevin Kline a Woods, su amigo periodista. Habían pasado diez años desde la muerte del activista cuando Richard Attenborough decidió llevar el material de Woods a la pantalla, el resultado fue una de sus mejores películas, sobre todo en su primera mitad, en las que expone la situación de Sudáfrica entre 1975 y 1977, haciendo hincapié en la amistad entre Biko y Woods, en como este va comprendiendo la situación y los abusos sufridos por la población negra a manos del régimen político, policial y judicial blanco. A lo largo del metraje queda claro la diferencia entre ley positiva y justicia. De igual modo, Attenborough señala el racismo y terror practicado por el sistema que asesina a Biko y confina a Woods para que no hable. En ese instante, el silencio ya no es una elección personal, sino una imposición externa y una amenaza real que cambia la vida del periodista de modo radical. Ahora, su existencia se parece a la vivida por su amigo asesinado. Amenazado de muerte, también su familia, sin posibilidad de salir de su área de confinamiento, sin poder reunirse con más de una persona, sin poder escribir para el público ni para sí mismo, la única opción que le queda a Donald, para poder hablar y desvelar la verdad de los hechos relacionados con la muerte de Biko, es escapar de su país; y en esta huida se centra la segunda parte del film…


Enlaces relacionados con Biko:


https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38357667.amp


https://historia.nationalgeographic.com.es/a/stephen-biko-heroe-contra-segregacion-racial_17169

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...