Gamberrada y pop, satírica y dividida en dos partes bien diferenciadas, la inglesa y la italiana, Un trabajo en Italia (The Italian Job, 1969) acelera al máximo el atractivo de las persecuciones automovilísticas. Lo hace abordo de tres “minis” que escapan por las galerías comerciales y las calles de Turín en las que el colapso automovilístico sirve de vía de escape para el equipo liderado sobre el terreno por Charlie Crocker (Michael Caine); pero, en la distancia, quien manda es Mister Bridger (Noël Coward), un distinguido preso, jefe de una organización delictiva y monárquico isabelino a ultranza. Coward dota de credibilidad e ironía a la imagen que asume su personaje: adicto a la vieja Inglaterra, elegante, altivo, esnob. Por su parte, Caine asume el rostro del caradura inteligente y mujeriego. Son dos personajes que aparentemente se sitúan en polos opuestos, algo así como un aristócrata y un “cockney” del robo, pero a ambos les gusta el dinero y ese gusto les une para dar el golpe en Italia durante la celebración de un partido de fútbol entre las selecciones de Italia e Inglaterra. Todo está planeado, desde el inutilizar el sistema de tráfico, para eso buscan las manos expertas del profesor Simon Peach (Benny Hill), más que chiflado, obsesionado con las curvas femeninas más pronunciadas, hasta los pilotos que conducirán los pequeños deportivos; y por supuesto, contarán con el apoyo financiero proporcionado por Coward y con la mente ejecutora del plan heredado, puesto que la idea del asalto al furgón no nace de Caine, sino del hombre (Rossano Brazzi) a quien la mafia, con Altabani (Raf Vallone) a la cabeza, aplasta al inicio de esta comedia dirigida por Peter Collinson y escrita por Troy Kennedy Martin. La película daría pie a una versión posterior, The Italian Job (F. Gary Gray, 2003), menos simpática y más centrada en el ruido, así que no pude escuchar nada de lo que tramaban Donald Sutherland y Mark Walhberg, quienes asumían los papeles de Coward y Caine, pero sin la gracia de esta “original” pareja…
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


Comentarios
Publicar un comentario