Ir al contenido principal

Todos lo saben (2018)

Hitchcock empleaba en sus películas <<un rodeo, un truco, una complicidad>>* al que llamó macguffin; y aunque no fuese significativo, funcionaba como excusa argumental que le permitía atrapar la atención, entretener y, desviando la atención de su público, introducir aspectos de mayor interés para él. Una excusa argumental que llama nuestra atención la observamos en Todos los saben (2018), en el secuestro de Irene (Carla Campra). Su desaparición es el cebo y sirve como detonante para que Ashgar Fahardi dé rienda suelta a las reacciones humanas que desarrollará a lo largo de su película. El secuestro, al tiempo capta el interés de quien observa el drama, introduce los secretos ocultos, las verdades que afloran a raíz del funesto acontecimiento, recelos y asuntos del pasado que salen a relucir en el presente. Inicialmente las relaciones y las costumbres del entorno familiar sonríen a Laura (Penélope Cruz) y a sus dos hijos a su llegada al pueblo. Ella es la mediana de las hijas de Antonio (Ramón Barea), que regresa de Argentina para estar presente en la boda de Ana (Inma Cuesta), su hermana pequeña. Durante los primeros compases, la armonía y la felicidad reinan en el ambiente, como también prevalece durante los minutos iniciales de A propósito de Elly (2008), en la que varios amigos se reúnen en la costa para pasar un fin de semana que guarda no pocos puntos comunes con los aquí expuestos. Se trata de un momento durante el cual no existe cabida para sensaciones que, aunque no asomen, están ahí, a la espera de salir a la luz. Con el secuestro de la adolescente, se da vía libre a la interioridad de los personajes y el tono de la película sufre un vuelvo drástico, que de nuevo remite al film anteriormente nombrado, no por la desaparición en sí misma, que evidentemente transforma la cotidianidad de la familia, afectando a unos y a otros, y en grado asumo a una madre que no puede más que sufrir la impotencia y el dolor, consciente de que las exigencias de los secuestradores se encuentran fuera de su alcance. El cambio tonal provoca que los hechos que se desarrollan en el presente revivan el pasado, un tiempo en el que Paco (Javier Bardem) y Laura mantenían la relación amorosa que no pudo sobrevivir a las circunstancias, fuesen estas consecuencia de las diferencias sociales que todavía sobreviven en la mente de Antonio o a la aparición de Alejandro (Ricardo Darín), el hombre con quien se casó. Quizá poco importe, lo que sí interesa más allá de la intriga planteada, es ese pasado silenciado, que no solo oculta el origen de Irene, sino que precipita que resurjan las diferencias, las heridas y las frustraciones, así como el recuerdo familiar de la pérdida de sus posesiones. En un primer momento, Farhadi describe con precisión a los personajes y el espacio donde ser reúnen, sin prisa, lo cual le permite detenerse en los protagonistas, conferirles personalidad y humanidad, antes de que surja el conflicto que provoca las distancias y obliga a diferentes personajes a tomar decisiones que, sin el drama, nunca se habrían planteado o enfrentado. Ahí se encuentra la sustancia de Todos lo saben, en la toma de decisiones, en los interrogantes que sus protagonistas dejaron de responderse en el pasado y puede que dejen de hacerlo en el futuro, pues el film solo cierra uno de los aspectos planteados, el relacionado con el secuestro, pero deja en el aire las posteriores decisiones y relaciones de las que solo podemos conjeturar, nunca adivinar, porque, como personajes del cineasta iraní, los aquí expuestos son seres con luces y sombras que viven vidas condicionadas por claroscuros.

*François Truffaut. El cine según Hitchcock. Alianza Editorial S. A., Madrid, 1999

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...