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Matrimonio a la italiana (1964)


Escrita por Eduardo De Filippo en 1946, la comedia dramática Filumena Marturano obtuvo un éxito colosal en toda Italia, tanto que, en 1950, Luis Mottura la trasladó a la gran pantalla en la producción argentina Filomena Marturano y un año después lo hizo De Filippo en su film homónimo. Trece años más tarde 
Vittorio De Sica realizó su propia versión, la más famosa de cuantas se han rodado hasta la fecha, que dedicó a la memoria de Titina De Filippo, fallecida mientras se estaba filmando esta adaptación de la obra que ella misma había inmortalizado sobre las tablas (y en el film dirigido por su hermano), pero, más allá del cariño y del reconocimiento del público italiano a la interpretación de Titina, fueron la Filumena de Sophia Loren y el Domenico Soriano de Marcello Mastroianni los que traspasaron las fronteras trasalpinas para hacerse un hueco en la historia del cine. Loren y Mastroianni ya habían trabajado en anteriores ocasiones con De Sica, la más reciente, Ayer, hoy y mañana (Ieri, oggi, domani, 1963), había sido coescrita entre otros por Eduardo de Filippo y Cesare Zavattini, inseparable guionista del realizador italiano desde Nacida en Viernes (Teresa Venerdi, 1941). Sin embargo ninguno de los dos nombrados participó en el guión de Matrimonio a la italiana (Matrimonio all'italiana), que corrió a cargo de Renato CastellaniLeonardo BenvenutiTonino Guerra y Piero De Bernardi, con quienes De Sica introdujo dos cambios fundamentales respecto al original escénico. Dichas novedades consistieron en mostrar el pasado común de la pareja protagonista mediante dos retrocesos temporales y en darle el título que hacía un guiño directo a la espléndida Divorcio a la italiana (Divorzio all'italiana; Pietro Germi, 1961). En la comedia de Germi el personaje interpretado por Mastroianni intenta por todos los medios deshacerse de su mujer en un país donde el divorcio es ilegal, mientras que en la de De Sica esta circunstancia se invierte, pues, napolitana hasta la médula, Filomena intenta que el hombre con quien ha vivido, a quien ha servido y por quien ha sufrido, durante más de veinte años se case con ella, no por amor, ni por aceptación social ni por egoísmo, sino por ofrecer a sus tres hijos un apellido y un futuro. Matrimonio a la italiana se abre en el presente, en un instante durante el cual Filomena agoniza, al menos así lo creen cuantos la observan, médico y párroco incluidos. En ese instante la moribunda suspira por Domenico, su banal, mujeriego y presuntuoso amante a quien hace llamar a su presencia sin que él comprenda que está siendo víctima del engaño de aquella que ha padecido la desdicha y la resignación de compartir y no compartir su vida con él. A diferencia de la obra teatral, Dummi recuerda para que la acción retroceda en el tiempo y muestre su primer encuentro, en el burdel donde la joven Filomena se oculta dentro de un armario para protegerse de las bombas que caen en el exterior. La mente del protagonista continúa su viaje y avanza dos años para rememorar su reencuentro. La inocencia de la joven ha dejado paso a la alegría que caracteriza a la mujer que llama su atención, por ello no duda en iniciar la relación que, en su falta de compromiso, provocará la insatisfacción de quien se convierte en su amante engañada, utilizada como criada y alejada de cuanto quiere y desea. La acción regresa a la habitación de la moribunda para poco después asistir al enlace matrimonial que, ante las puertas de la muerte de su compañera, Domenico acepta como muestra de su generosidad y, sobre todo, porque piensa que, en cuestión de días, volverá a ser un hombre libre para perseguir veinteañeras. Sin embargo, mientras habla por teléfono con su nueva conquista, la no moribunda lo sorprende y le descubre el engaño. Con la milagrosa recuperación de la convaleciente, cuya imaginación releva a la del personaje de Mastroianni, la historia regresa al pasado para mostrar los motivos que la llevaron a aceptar una existencia de sumisión y desencanto: sus tres hijos. Por ellos ha sufrido y consentido el comportamiento de aquel que en el presente se siente engañado y decidido a invalidar el matrimonio, cuestión que consigue amparado por una ley que dictamina que ha sido coaccionado, aunque, ya libre de los lazos matrimoniales, su existencia acomodada deja de serlo cuando, antes de separarse, su compañera le asegura que uno de los tres hijos es suyo, aunque, en su deseo de que los tres tengan el mismo apellido y las mismas oportunidades, no dice cuál, omisión deliberada que provoca el estado de ansiedad que empujará a Dummi hacia donde nunca ha querido ir.

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