En los guiones de Carlos Blanco se aprecia su predilección por personajes en constante enfrentamiento con el medio que habitan y con la tortuosa interioridad que los define. Dicha característica alcanza su plenitud en el vendedor de perfumes de Los ojos dejan huella (José Luis Sáenz de Heredia, 1952) y en el escritor de Los peces rojos (José Antonio Nieves Conde, 1955), aunque ya se observa en los antagonistas de Las aguas bajan negras (1948), la primera colaboración entre el guionista asturiano y Sáenz de Heredia, y en la Juana de Castilla interpretada por Aurora Bautista en Locura de amor (Juan de Orduña, 1948). Este doble enfrentamiento también alcanza otra de sus cotas máximas a lo largo de Diez fusiles esperan (1958), en los dos tenientes carlistas José Iribarreran (Francisco Rabal) y su amigo Miguel (Ettore Manni), cuya amistad se ve condicionada por la guerra, el amor y la idea de honor y deber, inamovible para el segundo. Sin embargo, el honor al que Miguel alude una y otra vez es fruto de su intransigente interpretación de la palabra en sí misma y de la lealtad hacia la bandera, mientras que en José ni deber ni patria adquieren un significado concreto, por ello su sacrificio no es fruto del fanatismo que evidencia su compañero cuando asume sustituirle ante el pelotón de fusilamiento, sino de su sentido de la amistad y de la humanidad con la que encara su destino aciago. Este enfrentamiento entre ideas antagónicas se convierte en el eje de una película que destaca por el buen trabajo en la dirección de Sáenz de Heredia, quien demostró en esta y en otras producciones que se trataba de uno de los grandes narradores cinematográficos del cine español, por la fotografía en blanco y negro de Francisco Sempere, por el romanticismo de su argumento, que parte del drama, transita por el humor y desemboca en la tragedia, y por la destacada interpretación de Francisco Rabal.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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