Ir al contenido principal

Orgullo y pasión (1957)



El ídolo de barro
 (1949), Hombres (1950), El francotirador (1952), Solo ante el peligro (1952) u Hombres olvidados (1953) son algunos de los títulos que Stanley Kramer produjo para otros, pero este productor independiente también tenía aspiraciones propias de cineasta y asumió la dirección de algunas de sus producciones. Lo hizo con resultados más o menos afortunados, aunque siempre respetables e incluso atractivos en películas de mensaje liberal y progresista, pero incapaces de asumir riesgos que transgrediesen los límites establecidos por el políticamente correcto y la industria a la que, aun siendo productor independiente, pertenecía. No serás un extraño (1955), Fugitivos (1958), La hora final (1959), Vencedores y vencidos (1961) o El secreto de Santa Victoria (1969) son ejemplos de sus buenas intenciones y de su “medio” buen hacer detrás de las cámaras, medio que se transforma en entero si comparo cualquiera de las nombradas con Orgullo y pasión (The Pride and the Passion, 1957), un título que promete pero que no cumple lo prometido. Comprendo que no es cuestión de confundir esto con aquello, ni me conduce a parte alguna referirme a películas superiores a esta irregular superproducción ambientada en España en 1810, durante la ocupación napoleónica de parte de la península Ibérica. Así, pues, intentaré no desviarme del asunto que Kramer inicia con imágenes de la situación de un ejército derrotado, que se retira cabizbajo, y que debe deshacerse del enorme cañón, único en su género, que no puede caer en manos del ejército francés. El prólogo ubica la acción e introduce la excusa argumental (el cañón) que permite dar rienda al triángulo amoroso —
Cary Grant, Frank SinatraSophia Loren— que se reparte el protagonismo, quizá también un trozo de queso manchego y algo de vino, y la misión de evitar que los franceses se apoderen del arma. Para evitarlo, los aliados ingleses envían a la península Ibérica a uno de sus oficiales de marina: el capitán Anthony (Cary Grant), que tiene la orden de hacerse cargo del gigantesco "escupefuego”. En tierras gallegas —libres gracias a las guerrillas y a los distintos alzamientos populares tras seis meses de ocupación—, el oficial anglosajón se encuentra con su primer obstáculo: se trata de Miguel (Frank Sinatra), la voz que le niega el arma. El paisano con rasgos de Sinatra tiene otros planes, puesto que va por libre y piensa utilizar el arma para abrir una brecha en las murallas de Ávila, sede del cuartel general galo y ciudad de apariencia inexpugnable. Con el ejército derrotado y con los franceses ocupando suelo ibérico, el cañón se convierte en el símbolo de libertad del pueblo, cuyos hombres y mujeres se sacrifican en su lento avance hacia el destino incierto en el que han depositado sus esperanzas de libertad. El roce y el largo recorrido provocan y posibilitan que el capitán inglés y Juana (Sophia Loren) se enamoren, hecho que no pasa desapercibido para Miguel, quien no puede evitar su rechazo hacia ese extranjero que inicialmente no comprende ni sus costumbres ni el significado de su lucha.


Lento en su desarrollo y pendiente de su trío estelar, más que de creer en su historia, 
Orgullo y pasión se rinde y acepta ser un film irregular y forzado, cuyo mayor atractivo popular reside en dos actores y una actriz que en ningún momento dieron la sensación de creer en sus personajes, cuestión que tampoco sorprende, ya que ninguno de los personajes posee entidad dramática. Son simples arquetipos, como típico y poco creíble es el choque que se produce entre Grant y Sinatra, lo mismo podría decirse de la historia de amor entre Anthony y Juana o con el desarrollo del viaje, que pierde el interés en el mismo momento que se ponen en marcha. Quizá la culpa de este desaprovechamiento de medios y de actores sea de un guion poco trabajado y una puesta en escena en la que ni la épica ni el drama asoman por ninguna de esas tierras por las que deambulan arrastrando el pesado artefacto. Y aún así, consciente de su mediocridad, recuerdo la sensación que sentí de niño cuando descubrí la imagen de ese oficial inglés con rostro de Cary Grant desplazándose en diligencia por una plaza cercana y querida, en ese instante, sentí orgullo y simpatía por esta película para nada convincente, pues, prometiendo pasión, resulta desapasionada
.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...