Fragmentos de nada: La ambigua vampirización literaria Por Antonio Pardines Hay autores que no escriben para contentar, ni buscan las ventas, tampoco enriquecerse con el fruto de su creación. El éxito y el aplauso les son tan extraños como ellos puedan serlo para el lector medio y el negocio cultural. Solo quieren quizás que haya alguien que les comprenda, tal vez ni siquiera eso. Los hay que escriben porque no pueden no hacerlo. Carecen de elección y lo que escriben obedece a la constante búsqueda emocional de sí mismos, es decir, la escritura para ellos es vida con toda la complejidad, conflicto y contradicción que esta supone. Son autores condenados a no ser leídos en su época o, como mucho, poco leídos, pero algunas de sus obras cambian el modo de entender la literatura. Existen en las antípodas de un Víctor Hugo o de un Hemingway, fueron tipos como Stendhal, de quien ahora se repite lo del síndrome día sí y otro también, Emily Dickinson, a quien hoy se aúpa como heraldo femenino, ...