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Waterworld (1995)


La carrera profesional de Kevin Costner marchó ascendente desde Los intocables (The Untouchables, Brian De Palma, 1987) hasta Waterworld (Kevin Reynolds, 1995), período durante el cual se convirtió en uno de los nombres y rostros más populares del cine gracias a los éxitos y el prestigio cosechados por Bailando con lobos (Dance with Wolves, Kevin Costner, 1990), Robin Hood, príncipe de los ladrones (Robin Hood. Prince of Thieves, Kevin Reynolds, 1991), El guardaespaldas (The Bodyguard, Andrew Davis, 1992) y Un mundo perfecto (A Perfect World, Clint Eastwood, 1993). La popularidad alcanzada por estos films le dieron el brillo de las grandes estrellas cinematográficas y su atractivo cara la taquilla lo situó en una posición de privilegio, dentro de la industria cinematográfica, desde la cual podía elegir las películas que desease realizar, producir o protagonizar. Esto le llevó a emprender proyectos tan costosos como Waterworld y Mensajero de futuro (The Postman, Kevin Costner, 1997), dos film de ciencia-ficción que protagonizó y produjo, aunque en el segundo también asumió labores de dirección. Pero ninguna de ellas fue un éxito, más bien lo contrario, tanto desde una perspectiva comercial como artística, lo que supuso el descenso de la cima que el actor, director y productor había alcanzado. Dejaré para otro momento The Postman y me centraré en Waterworld, cuya peculiaridad, aparte de la expectación mediática que despertó su accidental rodaje y su elevado coste económico —oficiosamente, se publicitó como la película más cara hasta entonces rodada en Hollywood—, sería que se desarrolla en un mundo acuático, sin tierra firme debido al deshielo polar que ha provocado la desaparición de la corteza continental de la tierra. En esa piscina planetaria los humanos se ven limitados a subsistir sin recursos y en pequeños clanes, incluso en la soledad en la que se descubre al héroe interpretado por Costner, a quien para disimular su heroicidad se intenta atribuir un carácter entre los hombres sin nombre de Clint Eastwood en la trilogía del dólar de Sergio Leone y el distanciamiento social asumido por Mad Max en la segunda entrega de la saga de George Miller, pero, a diferencia de aquellos, no apenas disimula que se trata de un héroe con disfraz de antihéroe, uno que establece una relación familiar —en apariencia, a regañadientes— con Helen (Jeanne Tripplehorn) y Elona (Tina Majorina), la niña perseguida por el Diácono (Dennis Hopper) y su banda porque lleva tatuadas las coordenadas de la mítica tierra seca.



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