Exiliado en Estados Unidos desde 1941 hasta 1950, Max Ophüls se encontró en Hollywood con un medio artístico-industrial muy distinto al europeo que había dejado atrás. Y como a otros ilustres cineastas emigrados, no le resultó sencillo adaptarse a un entorno donde las películas solían estar controladas por los distintos estudios cinematográficos que las producían. Esto se tradujo en un problema a la hora de encontrar trabajo, y no sería hasta cinco años después de su llegada a Norteamérica, cuando finalmente inició su primer rodaje americano. Sin embargo, las diferencias con Howard Hughes, productor del filme, provocaron que el cineasta abandonase la filmación de Vendetta (Mel Ferrer, 1950). Por fortuna, un año después completó su primer largometraje hollywoodiense, La conquista de un reino (The Exilie, 1947), e inició su breve pero espléndida etapa estadounidense. Sus intereses le llevaron a decantarse por producciones independientes que le permitieran desarrollar temas, más o menos cercanos a sus intenciones creativas, que presentan el protagonismo de personajes femeninos atrapadas entre su ensoñación y la realidad: la magistral Carta de una mujer desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), la más europea de sus películas norteamericanas, y las menos conocidas Almas desnudas (The Reckless Moment, 1949) y Atrapados (Caught, 1949). Estos dos últimos títulos fueron financiados por productores independientes, contaron con el protagonismo de James Mason, carecen del elegante movimiento de cámara de Ophüls y de sus planos largos —sustituidos por el plano contraplano característico del cine hollywoodiense— y se desarrollan como melodramas psicológicos, cuyos claroscuros los aproxima al cine negro, aunque, más allá de esta apariencia formal, prevalece la figura femenina ophulsiana, la de la mujer soñadora atrapada entre la realidad y la idealización.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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