El sonrojo y el escándalo que Viridiana (1961) provocó entre los guardianes de la (hipocresía) moral de la sociedad española de la época impidieron que Luis Buñuel volviera a filmar en su país natal hasta nueve años después, cuando, partiendo de un planteamiento similar al expuesto en aquella, realizó Tristana (1970), en la que de nuevo adaptaba —lo había hecho con anterioridad en Nazarín (1959) y sin acreditar en Viridiana (1961)— a Benito Pérez Galdós. Los títulos de crédito de Tristana advierten que se trata de una inspiración de la novela homónima del escritor canario. Respecto a esto, Buñuel comentó en sus memorias: <<Aunque, como en Nazarín, el personaje principal (encuentro a Fernando Rey magnífico en este papel) se mantiene fiel al modelo novelesco de Galdós, introduje considerables cambios en la estructura y el clima de la obra, que situé también, como había hecho en El diario de una camarera, en una época que yo había conocido, en la que se manifiesta ya una clara agitación social>>.
(1) Luis Buñuel: Mi último suspiro.
(2) Carlos Barbachano: Francisco Regueiro. Filmoteca Española, Madrid, 1989





Magnífico estudio de caracteres buñuelianos desde la narrativa antiburguesa de Galdós
ResponderEliminarMuchas gracias, Francisco. Buñuel y Galdós fueron dos grandes y, para quien escribe (y supongo que para quienes también gusta el cine), fue una suerte que el cineasta aragonés hiciese suyo el material del escritor canario.
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