Haciendo gala de un tópico que nos han colgado a los gallegos, no decido si siento o no siento especial simpatía por Thelma y Louise (Thelma & Louise, 1991). La siento por sus dos heroínas, pero algunas situaciones me superan, al pensar que están ahí para indicarme el camino que conduce a su mítico final. No son tópicos como el que insinúo al inicio del texto, sino la sensación de que no hay más opción que escoger la única perspectiva posible. Es decir, no hay elección y esa es la opción ofrecida por los responsables del film; algo por otra parte habitual en el cine, también comprensible —la película es suya—, y en este caso no merma la valía de sus dos forajidas de leyenda ni el ritmo de la huida que se convierte en el viaje hacia sí mismas. Ese sentido único resta, pero la presencia de las actrices puede con todo y más durante el recorrido trazado por Ridley Scott y la guionista Callie Khouri —posteriormente, también directora: Clan Ya-Ya (Divine Secrets of the Ya-Ya Sisterhood, 2002) y Tres mujeres y un plan (Mad Money, 2008). Mas lo dicho hasta ahora no deja de ser opinión; y los hechos, al menos un par de ellos, son que el film se ganó al público y que contó con las espléndidas e inolvidables Susan Sarandon y Geena Davis, dando vida a las dos rebeldes con causa que mandan a paseo el orden que las ha sometido y oprimido hasta ese fin de semana durante el cual la fuga les acerca una sensación de libertad jamás sentida con anterioridad. También es opinión expresar que en este western moderno y feminista, de amistad, emancipación y recorrido existencial, Scott recuperaba su mejor versión, la de aquel que había realizado Blade Runner (1982), Los duelistas (The Duellits, 1977) y Alien, el octavo pasajero (1979), tres largometrajes que considero los mejores de su filmografía.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...





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