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Un rey en Nueva York (1957)


En la mayoría de sus largometrajes, Charles Chaplin utilizó la comedia para abordar aspectos sociales como la alienación y los problemas inherentes a los Tiempos modernos, los peligros de los totalitarismos dominantes en la Europa contemporánea de El gran dictador o los paralelismos simbólicos entre los medios empleados por Monsieur Verdoux con los de las grandes potencias mundiales. Pero en Un rey en Nueva York (A King in New York) Chaplin trató una circunstancia más personal, que encuentra su origen en sus problemas con las autoridades y la sociedad estadounidenses, quizá por ello su mensaje fuese más subjetivo y dominado por cierto resentimiento hacia el país que, tras auparlo al trono de la comedia, lo destronó; aunque de un modo diferente al que se observa al inicio de Un rey en Nueva York, cuando parte de la población de una nación inventada irrumpe en el palacio de un monarca que por lo visto ha volado al igual que el tesoro nacional. Pero a medida que se conoce al rey Shahdov se comprende que se trata de un individuo decepcionado y resignado, además de ser una víctima de su posición privilegiada y de las habladurías que lo responsabilizan de cuestiones ajenas a él, como demuestra la creencia popular de que se ha apoderado del capital de su antiguo reino, el mismo que tuvo que abandonar por negarse a fabricar la bomba atómica. Sin embargo, más que abordar los peligros de la era atómica, al prestigioso cineasta le interesó exponer una realidad política que afectó a los derechos de ciudadanos en un país democrático y libre, donde la fiebre anticomunista produjo atropellos similares a los que se descubren hacia el final de Un rey en Nueva York. Pero antes de satirizar al comité de actividades antiamericanas, que lo citó para declarar en varias ocasiones, el film comienza desde la ironía chaplinesca en el que se deja notar su decepción hacia una sociedad de consumo condicionada por su dependencia de la televisión, la publicidad, la imagen o la fama. Durante esta primera parte, Chaplin se burló de un sistema en el que Shahdov no encaja, pero que debe aceptar como consecuencia de las circunstancias que le rodean, pues ha sido destronado, engañado y robado, lo cual le ha dejado en la ruina total. A lo largo de su periplo en Nueva York, el monarca sufre diversas desventuras que le muestran como aquel famoso vagabundo que vestía sombrero hongo y levita raída, y al igual que aquel, el rey se descubre como un individuo solitario, incomprendido y disconforme con lo establecido, mucho antes de ser sospechoso de flirtear con el comunismo, cuestión esta que cobra importancia a partir de su encuentro con Rupert (Michael Chaplin). A través de este personaje infantil e inocente Chaplin expresó parte de su discurso, que una vez más se expuso desde su lucidez y su carácter humanista, que nada tendría que ver con la acusación que marcó el mensaje de Un rey en Nueva York, con el que pretendió ajustar cuentas con ese comité ante el cual el rey Shahdov se presenta, manguera en mano, para limpiar su buen nombre, pero desde una perspectiva cómica y simbólica que denunciaba la necesidad de un lavado mucho más profundo que el que se produce en la sala.

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