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El carnicero (1970)



Una de las etapas más interesantes dentro de la filmografía de 
Claude Chabrol se encuentra en sus colaboraciones con el productor André Génovès, en una serie de películas que abarcan los films producidos entre La ruta de Corinto (La route de Corinthe1967) e Inocentes con manos sucias (Les innocents aux mains sales, 1975). Entre ambas producciones Chabrol rodó algunas de sus películas más destacadas (La mujer infielEl carniceroLa ruptura o Relaciones sangrientas), en su mayoría interpretadas por Stéphane Audran, la protagonista de esta intriga en la que, una vez más, el cineasta priorizó su interés por la complejidad de los personajes por encima de la trama criminal. Esta predilección por profundizar en el individuo provoca que el ritmo de El carnicero (Le boucher, 1970) avance condicionado por la soledad, las frustraciones, los anhelos o los rechazos que definen las personalidades de los dos personajes centrales, a quienes se descubre en un pequeño pueblo de provincias donde la cotidianidad y las relaciones diarias se ven alteradas por la boda en la que se inicia su amistad. Popule (Jean Yanne), el carnicero, y Hélène (Stéphane Audran), la maestra, se erigen en el centro exclusivo de una narración en la que los sentimientos y las sensaciones que habitan en ellos no necesitan ser expresados en voz alta para comprender el desequilibrio emocional que les domina, y que se agudiza a medida que avanzan los minutos de una película en la que Chabrol intencionadamente relegó el suspense a un plano secundario. Desde la interioridad de la maestra y del carnicero se comprende que el acercamiento entre ambos se encuentra limitado e imposibilitado por las frustraciones, como se aprecia en un primer momento en la incapacidad de la docente a la hora de aceptar las emociones que el carnicero despierta en ella, al aferrarse a la soledad tras la que se ha protegido desde el desengaño amoroso sufrido diez años atrás. Al tiempo que se desarrolla la relación entre la directora de la escuela y un hombre incapaz de olvidar sus años en el ejército se inicia la intriga criminal que gira en torno a la aparición del cadáver de una mujer en las proximidades del pueblo. Pero, sin testigos y sin pistas, las autoridades desisten en la investigación y abandonan la pequeña población dejando que la monotonía continúe, sin embargo ésta vuelve a alterarse cuando la maestra y sus alumnos descubren el cuerpo sin vida de otra mujer. Este instante acaba con la posibilidad de que la profesora abandone la represión y la desconfianza que marcan su tiempo, pues al lado del cuerpo encuentra el encendedor que le regaló a Popule. Aunque en ningún momento llega a pronunciar sus sospechas, ya que de materializarse rompería definitivamente la oportunidad de escapar de su soledad; y de ese modo, cuando los gendarmes regresan y el policía la interroga, omite el detalle del mechero a pesar de la inquietud que le provoca saber que Popule puede ser el psicópata a quien buscan. Pero en El carnicero la trama criminal carece de importancia, siendo la escusa en la que Chabrol se apoyó para aumentar la sensación de desesperación que habita en dos personajes que no saben o no pueden vivir con sus miedos, sus decepciones u otros desequilibrios emocionales que solo parecen mitigarse cuando comparten espacio y tiempo.

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