lunes, 2 de enero de 2023

Carga maldita (1977)


<<La película era un remake de El salario del miedo de Clouzot; yo hacia el personaje que interpretó Charles Vanel —actor fantástico, que rodó su último papel con noventa y tantos años— y el de Yves Montand lo hacía Roy Scheider, el de Tiburón. Luego, aunque no estaba nada mal, no tuvo buena distribución, yo creo que, más que nada, porque los productores se cabrearon con Friedkin, que se gastó más de la presupuestado, y Friedkin con ellos […] En fin, una experiencia de ricos americanos del cine, que luego les valió de poco, lo mismo que a mí. A Fernando Rey sí le valió la de French Connection, que yo no pude hacer, pero aquella sí tuvo buena distribución y gran éxito>>. (1) Si bien no coincido con Francisco Rabal en que la película era un remake, pues la considero una versión de la novela y no del film de Henri-Georges Clouzot, sí asiento donde dice que no estaba nada mal, incluso diré que se trata de un espléndido thriller de perdedores cuya narrativa vendría a corroborar el buen pulso de William Friedkin para este tipo de historias, las que reúne a personajes atrapados en ambientes hostiles, sea la Nueva York de The French Connection (1971), la ciudad de Vivir y morir en Los Ángeles (To Live and Die in L. A., 1985) o el lugar imaginario de Latinoamérica de Carga maldita (Sorcerer, 1977), en la que exhibe una envidiable capacidad para crear y mantener la tensión a la que se ven sometidos sus cuatro protagonistas, a quienes, al contrario que lo expuesto por Clouzot en la magistral El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1952), la primera adaptación de la novela de Georges Arnaud, conocemos antes de su llegada al país latinoamericano donde se desarrolla lo mejor del film de Friedkin, segunda versión cinematográfica de la novela de Arnaud.



Friedkin había demostrado ser un narrador cinematográfico todoterreno, también había sido el cineasta que había reventando las taquillas con El exorcista (1974), sin embargo este tenso drama resultó un fracaso económico, fracaso que no corresponde a la calidad que atesora. Admirador de la versión francesa, Friedkin dedica su film a Clouzot, pero ya desde el inicio se distancia de los expuesto por el francés en su adaptación. El estadounidense, a partir del guion de Wallon Green, responsable del guion de Grupo Salvaje (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1968), se decanta por una acción y unas relaciones distintas. Así presenta por separado a los cuatro protagonistas, perdedores y desesperados, forajidos y marginados, e indica las distintas causas de las huidas y la llegada al país latinoamericano donde la inestabilidad política marca la cotidianidad, la de una dictadura militar donde la presencia de la petrolera estadounidense, los rebeldes y el hambre forman parte del panorama en el que no encajan esos cuatro extranjeros que encuentran allí un infierno donde ocultarse. Son desesperados, y por eso se presentan como voluntarios cuando la petrolera pide cuatro conductores para una misión suicida, pues han de recorrer trescientos kilómetros de montaña y selva por carreteras impracticables, de tierra y barro, transportando nitroglicerina en mal estado que al mínimo vaivén les mandaría a otro infierno.


(1) Francisco Rabal: Si yo te contara. El País S. A. y Aguilar S. A., Madrid, 1994.

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