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Ella, yo y el otro (1972)

Su César en Ella, yo y el otro (César et Rosalie, 1972) es una de las mejores interpretaciones del icónico Yves Montand, que logra transmitir la humanidad de su personaje sin apenas darnos cuenta de que el actor y cantante está actuando, de qué César no es real, solo la realidad que Montand y Claude Sautet, como máximo responsable del film, logran crear. En la biografía que Hervé Hamon y Patrick Rotman dedicaron al actor, los autores no dudan en señalar que, <<como Montand, César es maligno e ingenuo, egoísta y atractivo, valiente y tímido, entusiasta y colérico, sincero. El público no avisado sentirá la tentación de creer que es más fácil trabajar tan cerca de uno mismo. Al contrario. Lo que es —relativamente— fácil es ser el Mario de El salario del miedo, bien musculado, muy parejo y algo vacío. Lo acrobático es devorarse a sí mismo a fin de darse a los otros completamente desnudo y, sin embargo, nada desplazado: César es casi Montand, y ese casi resume la hazaña.>> Pero Montand, que está soberbio, no es el único del reparto que destaca en esta reconocida tragicomedia de Sautet. Romy Schneider luce igual de esplendorosa en su papel de Rosalie, mujer de mediana edad, madre, amante y una persona también humanamente contradictoria que divide su amor entre dos hombres que sabe y siente opuestos.

El amor, uno de los temas centrales de la obra de Sautet, la idea del amor, la ilusión del amor, la ambigüedad del amor, la crisis del amor, el anhelo del amor, su ausencia y tenencia se citan en Ella, yo y el otro, la tercera pieza de la trilogía protagonizada por la actriz austríaca en la que el cineasta francés aborda las relaciones amorosas complejas, pero ¿qué es el amor? ¿Un sentimiento? ¿Una mentira que en el triángulo protagonista pasa por verdad? ¿Una necesidad psicológica que calma egos y espanta soledades? ¿Una fantasía o una realidad caprichosa y cambiante? Está claro que para César es una necesidad, necesita a Rosalie, pero ¿qué necesita ella? ¿Le importa? ¿Se plantea si ella busca pasión, liberación, independencia? ¿Si ama a dos hombres, por sus diferencias, sin sentir que debe escoger entre uno y otro? La protagonista femenina es un personaje entre dos polos y su complejidad emocional difiere de la que descubrimos en ambos extremos: la aparente racionalidad de David (Samy Frey) y la visceralidad volcánica de César, que primero parece desear el cautiverio de Rosalie, y después, su liberación, para que regrese a él, cuando comprende que ella no es feliz; que está, pero no está, que vive dividida, en la ausencia y la presencia del amor. Aunque en un primer momento César parezca el personaje unidimensional, resulta contradictorio y complejo: se deja arrastrar por los celos, fruto de inseguridades, de la idea de posesión, de su infantilismo, cuando David reaparece en la vida de Rosalie, pero también es quien comprende que ella no es feliz e intenta ofrecerle algo que ella no le ha pedido. En realidad, los tres protagonistas son contradictorios porque el amor y la humanidad, que todos compartimos, resultan contradictorios y en esa contradicción reside su verdad, su esencia, o una parte importante de la misma.



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