Con un presupuesto holgado, un guion firmado por Carlos Blanco, Alfredo Echegaray y José María Pemán, y la dirección de Juan de Orduña, Locura de amor significó uno de los mayores hitos comerciales de CIFESA, la distribuidora y productora española más importante de la primera década del franquismo. En el seno de la empresa valenciana se realizaron durante aquellos primeros años de la dictadura producciones bélicas de exaltación nacional (¡Harka! o ¡A mí la legión!), comedias románticas e irreales acordes con la moralidad dominante (Deliciosamente tontos o Huella de luz) o películas de corte histórico como la caricaturizada en una de las escenas iniciales de Esa pareja feliz (Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, 1951). Dicha secuencia encuentra su sentido si recordamos que por aquel entonces Bardem y Berlanga eran dos jóvenes debutantes que pretendían modernizar el cine español y para ello ridiculizaron aquellas producciones de cartón piedra ajenas a cualquier tipo de verismo, de las que el film de Juan de Orduña sería su abanderada. El tono panfletario, la alteración histórica, su nacionalismo maniqueo, que concede rasgos positivos a los castellanos y negativos a los extranjeros, la teatralidad desmedida y los amoríos no correspondidos de sus cuatro personajes principales, provocan que, por momentos, la película roce lo ridículo, aún así no carece de atractivos cinematográficos: la fotografía sombría de José F. Aguayo, los decorados de Sigfrido Burman y la narrativa de Orduña, quizá la más destacada del cine histórico español de posguerra. Este tipo de producción buscaba en épocas pasadas historias que dramatizar, priorizando el catolicismo, la patria y la tradición que el régimen franquista había asumido como "pilares ideológicos" y que en Locura de amor prevalecen desde su inicio hasta su final. Las primeras imágenes del film muestran el encuentro entre el capitán Alvar (Jorge Mistral) y Carlos I (Ricardo Acero), que se traslada con su séquito al castillo donde Juana de Castilla (Aurora Bautista) vive su retiro espiritual.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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