Ir al contenido principal

Plan 9 del espacio exterior (1958)



¿De qué va Plan 9 del espacio exterior (Plan 9 from Outer Space, 1958)? ¿De zombies? ¿De extraterrestres? ¿De profanadores de tumbas? ¿De nada? A riesgo de equivocarme elijo esta última opción y me decanto por pensar que ni el propio Edward D. Wood, Jr. estaba seguro de qué iba a filmar cuando se dispuso a llevarla a cabo, así que profundizar en las imágenes de su obra más conocida (honor compartido con Glen or Glenda) tampoco tendría más sentido que aquel que se descubre al visionar el film. Con un presupuesto irrisorio, de unos cincuenta mil dólares, sin talento, pero con descaro y empleando imágenes de archivo, entre ellas las de Bela Lugosi (fallecido antes del rodaje), la de un avión que sirve para introducir la minimalista cabina desde donde pilota Jeff Trent (Gregory Walcott) o la de un cañón del ejército lanzando obuses (que Wood empleó en el montaje como arma defensiva contra las tres naves de fabricación casera que atacan el planeta), se descubre una película de ¿ciencia-ficción? en la que un grupo de extraterrestres llega a la Tierra con la intención de advertir a los humanos del peligro que conlleva el empleo de las armas atómicas (emulando de manera simplona a lo expuesto por Robert Wise en Ultimátum a la Tierra) y de la bomba solar que los científicos humanos están a punto de desarrollar. Pero, ante la falta de colaboración de los terrícolas, los invasores del espacio no encuentran más alternativa que poner en marcha el Plan 9, que consiste en resucitar cuerpos humanos para quién sabe qué, o puede que simplemente para que deambulen por los tres o cuatro decorados cutres que no desentonan con el plantel artístico, que a lo largo del metraje evidencia su nula capacidad dramática.
 Entre los incontables defectos de Plan 9 del espacio exterior no sería justo incluir el lícito empeño de Wood por filmar una película, aunque en realidad se trate de un despropósito, carente de calidad, orden y sentido, en el que los diálogos, las situaciones y las imágenes parecen extraídas de una mente infantil que mezcla cuanto ha visto para crear un divertimento propio que le permita fantasear; pero si Plan 9 del espacio exterior posee o no encanto, es una cuestión que cada quien ha de juzgar en el momento de su visionado. Hubo quien la menospreció y también hubo quien la consideró una película de culto, no obstante, cualquier postura que se tome con respecto al film no puede negar las excesivas limitaciones cinematográficas y narrativas de un realizador que desde el primer minuto de proyección dio muestras de su falta de talento como cineasta. Sin embargo, y a pesar de la baja calidad de sus producciones, resulta curioso como un mal director, condenado a caer en el olvido, alcanzó cierta notoriedad años después de su fallecimiento, cuando su nombre encabezó una lista que le concedió el dudoso honor de ser el peor director de cine de todos los tiempos. A partir de ese momento el nombre de Edward D. Wood, hijo, empezó a ser conocido, aunque fue en la década de 1990, con Ed Wood (Tim Burton, 1994), cuando se inmortalizó la figura imaginaria (aquella interpretada por Johnny Depp) de este cineasta que, visto lo visto en sus películas, nunca llegó a serlo.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...