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Siberiada (1978)



Los primeros pasos de Andrei Konchalovsky en el cine estuvieron ligados a los de Andrei Tarkovski, con quien colaboró en los guiones de El violín y los apasionados (Katok i stripka, 1960), La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, 1962) y Andrei Rublev (Andrey Rublyov, 1966). Entre medias se produjo su debut en la realización con El primer maestro (Pervyy uchitel, 1965) y trece años después, Konchalovsky rodó Siberiada (Siberjada, 1976), su última película en la Unión Soviética y la más ambiciosa de las que allí dirigió. Siberiada narra la evolución de una pequeña aldea siberiana a través de tres generaciones de dos familias enfrentadas por su condición social. Al igual que había hecho Bernardo Bertolucci dos años antes en Novecento, el film arranca en 1900, mostrando a dos núcleos familiares de diferente condición: los Solomin y los Ustyuzhanin; pero también muestra la presencia de un convicto fugado de un penal zarista en quien se representa la figura del revolucionario que años después derrocaría al zar Alejandro e instauraría la dictadura bolchevique. En ese instante inicial se observa a Afasi Ustyuzhanin (Vladimir Samoylov) trabajando en solitario en la construcción de un camino que atraviese la taiga, aunque más que un sendero se trata de una idea de progreso que su hijo Nikolai no alcanza a comprender en ese momento de su infancia, pero que valorará años después, cuando regrese al pueblo en compañía de su hijo Aleksei. Años antes de que esto suceda, Nikolai (Vitali Solomin) se ve obligado a huir de su hogar como consecuencia de su relación con Nastia (Natalya Andreychenko), la hija del clan rival, y quien le sigue tras su marcha. De su unión nace Aleksei, quien a su vez, y antes de partir a combatir en la Segunda Guerra Mundial, inicia una similar a la mantenida por sus padres, pero que cae en el olvido de la distancia y de los años que transcurren hasta su retorno. Uno de los aspectos más destacados de Siberiada se encuentra en su fotografía, dominada por las nieves que cubren el contorno durante las duras épocas invernales o el verdor que se descubre después del deshielo, pero también los tonos grisáceos de la naturaleza muerta que se contempla en el campo de batalla donde Aleksei salva la vida de Philip Solomin (Igor Okhlupin), un antiguo pretendiente de su madre, con quien volverá a encontrarse dos décadas más tarde. En el frente se observa al joven Ustyuzhanin orgulloso de ser un hombre nacido con y durante la revolución, cuestión que ya se descubre años atrás, cuando, condicionado y moldeado en una institución estatal, visita por vez primera la aldea de sus progenitores y muestra diferencias con quienes allí se encuentran (incluido su padre), pues carece del pasado de estos, lo que le impide comprender las costumbres o comportamientos de quienes, a pesar de ser sus opuestos, son sus familiares. Con el paso del tiempo tanto la revolución como las guerras mundiales quedan atrás, pero la evolución del país en nada altera la cotidianidad de la pequeña aldea siberiana a la que Aleksei (
Nikita Mikhalkov) regresa tras veinte años de ausencia, iniciándose de este modo una segunda parte centrada en la figura de este personaje que, de vuelta al hogar de sus ancestros, se encarga de realizar prospecciones petrolíferas. En esta segunda mitad se completa el proceso de evolución y modernización que perseguían su padre y su abuelo, al tiempo que retoma su relación con Taya (Lyudmila Gurchenko), a quien inicialmente solo observa como un divertimento para su estancia en un lugar que, para quienes pertenecen a él, significa la esencia y las raíces que Philip Solomin rememora cuando se presenta en la pequeña población convertido en secretario general de la zona, y decide ganar tiempo para que se encuentre el petroleo que evitaría la construcción de la central hidroeléctrica que provocaría su desaparición.



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