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Empieza el espectáculo (All That Jazz) (1979)



La primera película de Bob FosseNoches de ciudad (Sweet Charity, 1969), fue una libre adaptación al musical de Las noches de Cabiria (Le notti di Cabiria, 1957), aunque la influencia de Federico Fellini se hizo más patente en All That Jazz (1979), en la que Fosse contó con la fotografía de Giuseppe Rotunno, habitual colaborador del cineasta italiano, pero, sobre todo, dicha influencia se agudiza en el carácter
 onírico que propuso para desarrollar los recuerdos de John Gideon (Roy Scheider) desde una perspectiva que toma como referencia Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963). Su narrativa alucinada, marcada por los saltos temporales, provoca la sensación de contemplar el sueño de un moribundo que se confiesa ante el inminente cierre de su disipado espectáculo vital. Desde sus alucinaciones el espectador accede a la función en el que se sumerge a diario, no aquella que se observa sobre las tablas, sino la existencial que se inicia cada mañana, cuando introduce un casete de audio en su reproductor, se echa colirio en los ojos, bebe una pastilla efervescente, se ducha, fuma, toma anfetaminas, vuelve a echarse colirio y se dice a sí mismo <<¡empieza la función!>>.


A través de la experiencia subjetiva de Gideon, que presenta rasgos autobiográficos del propio Fosse
, se descubren los pormenores de la preparación de su nuevo musical (que remite al montaje real de Chicago), pero este solo es un aspecto de la vida que recuerda durante su conversación con la muerte, a la que concede la apariencia de una bella mujer (Jessica Lange) para sentirse más cómodo mientras se sincera antes de aceptar lo inevitable. Como consecuencia de la subjetividad del personaje interpretado por Roy Scheider, durante su recorrido vital se suceden experiencias dentro el exigente ámbito que ha priorizado sobre cualquier otro aspecto, ya sea su salud o sus relaciones personales. Desde este punto de partida se combinan a lo largo de los minutos los números musicales con su pasado y su presente, durante los cuales se observan sus fracasos afectivos, con su ex-mujer (Leland Palmer), su hija (Ersebet Foldi) o su novia (Ann Reinking), sus excesos y su entrega al montaje del musical, del que asume todos los aspectos, desde la elección del reparto, y su constante de acostarse con alguna de las bailarinas, hasta sus diferencias con los productores, más preocupados en las cuestiones monetarias que en las artísticas priorizadas por ese coreógrafo obligado a desdoblarse ante su intenso ritmo laboral y personal. A lo largo de su viaje temporal, se le observa en varias ocasiones en una sala de montaje, allí edita la película sobre un humorista que remite directamente a Lenny, y confirma una vez más el carácter autobiográfico de All That Jazz, pero también en esa sala la presencia de la muerte se hace palpable en el chiste que divide en cinco partes la reacción humana ante el fin: <<cólera, negación, pacto, depresión y aceptación>>, cinco estados que alcanzan a John durante su estancia en el hospital, momento del film en el que se potencia el carácter onírico de la personal y transgresora propuesta de Bob Fosse.

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