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América (1924)



La realidad geográfica constata que América se extiende de norte a sur desde
 el océano Glacial Ártico hasta el Paso de Drake (pasaje marítimo que separa el Cabo de Hornos de la Antártida) y de este a oeste desde el océano Atlántico al Pacífico, o viceversa si se invierte el orden de los puntos cardinales. Otra realidad, la histórica, afirma que a lo largo y ancho de dicha extensión se libraron guerras de independencia contra el colonialismo europeo. Sin embargo, David Ward Griffith prescindió de dichas realidades y particularizó el topónimo continental en las Trece Colonias británicas en Norteamérica para recrear su visión histórica de la independencia de su país. Pero esta revuelta, como cualquier otra, se produjo, más que por ideales románticos como la libertad o la igualdad, como consecuencia del enfrentamiento de intereses políticos, ideológicos y económicos entre el gobierno británico y los colonos, un distanciamiento insalvable que derivó en el primer levantamiento liberal del siglo XVIII y en el nacimiento de la primera nación independiente del continente. Aunque, probablemente, si la monarquía británica hubiese actuado de otra manera, ofreciendo privilegios o representación política en el parlamento inglés, los ciudadanos más influyentes de las colonias quizá no hubiesen promovido la sublevación contra la corona que por aquel entonces recaía sobre la cabeza de Jorge III. Estas y otras cuestiones, como los altos impuestos que debían tributar a Inglaterra, provocaron que los Englishmen americanos se opusieran abiertamente a las imposiciones de sus compatriotas europeos, dando píe a la Declaración de Derechos de Virginia y poco después a la Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1776, y al conflicto armado del que surgiría Estados Unidos. Este momento histórico, en manos de Griffith, se expuso desde la épica, la recreación de batallas, la combinación de personajes ficticios y reales (el monarca inglés, William Pitt o George Washington) o el melodrama, centrado en los Montague, la familia Tory a la que pertenece Nancy (Carol Dempster), y en el romance de esta con el rebelde Nathan Holden (Neil Hamilton).


La simplificación histórica no impide que 
América sea un excelente ejercicio narrativo en el que se enfrentan dos ideas tan simples como opuestas, que estarían representadas en el colonialismo que defiende el padre de Nancy (Evrille Anderson) y el liberalismo de su amigo George Washington (Arthur Dewey), ideología que también asume Charles Montague (Charles Emmett) cuando opta por luchar por aquello que considera justo en contra de los ideales paternos. En esencia, América descubre la lucha de contrarios, opresor y oprimido, pero también desarrolla la historia de amor entre Nancy y el granjero convertido en soldado y héroe, aunque su condición social y de insurgente le acarrea el rechazado del padre de su amada, quien le acusa de herirle en una refriega, hecho que conlleva su ruptura con Nancy. Pero Nathan cree firmemente en la promesa de igualdad y justicia defendida por la revolución, y continúa con su lucha al tiempo que no olvida la posibilidad de un futuro en el que pueda consumar su amor. A medida que avanza el metraje se individualizan los hechos para presentarlos desde una perspectiva más subjetiva, aquella que también asoma en otras de las recreaciones históricas de Griffith, al simplificar las causas y convertir el levantamiento en un enfrentamiento entre buenos y malos, representados estos últimos en la figura del capitán Butler (Lionel Barrymore), un oficial inglés que en su villanía anhela crear un imperio propio, y para ello ordena a sus hombres, caracterizados de nativos, que den rienda suelta a los actos salvajes que se descubren en la parte final del film.

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