martes, 9 de agosto de 2011

Bola de fuego (1941)

La primera vez que vi Bola de fuego (Ball of Fire, 1941) era un niño que estaba ante una magnífica comedia de enredo, pero, años después, intuí en ella algunas características que posteriormente se desarrollarían en el cine negro, puesto que, salvando las distancias, observé un parecido razonable entre el personaje interpretado por Barbara Stanwyck y la mujer fatal, capaz de todo con tal de conseguir sus objetivos, que interpretaría en Perdición (Double IndemnityBilly Wilder, 1944). Asimismo, presté mayor detenimiento a la presencia de un gangster sin escrúpulos (Dana Andrews), que no muestra el menor remordimiento ante los actos criminales que comete y, ¿cómo no? a la víctima de la femme fatale, que no es otro que Bertram Potts (Gary Cooper), un hombre que se siente intensamente atraído por una belleza a la que no puede resistirse y de la que nunca desconfía, pues la inocencia de Potts y la de sus compañeros permite a Sugarpuss (Barbara Stanwyck) utilizarles a su antojo, lo cual le beneficia, a la espera de poder abandonar un lugar que solo le sirve de refugio temporal. Hasta aquí la posible relación con el film noirporque lo que predomina en todo momento es la comedia, romántica, elegante y divertida, en la cual los profesores que viven con Potts ofrecen la imagen simpática e imprescindible para el desarrollo de la comicidad que reina en el hogar que comparten. A partir de la irrupción de Sugar, se observa una evolución en sus vidas, la presencia de la chica les confiere la energía suficiente para descubrir que, a pesar de sus años y de sus inquietudes intelectuales, existen otras cosas que les pueden llenar (algo tan simple como la conga puede hacerles sentir felicidad). Por otro lado, en su guión, escrito por la pareja formada por Charles Brackett y Billy Wilder (un año después éste último dirigiría su primera película en Hollywood), se percibe una perfecta armonía entre los personajes principales y los secundarios, acierto que evita las escenas innecesarias y alteraciones en el ritmo narrativo desarrollado por un brillante Howard Hawks. La presentación de los personajes, sus diálogos, la utilización de los vulgarismos de las personas de la calle, contraponiéndose a las cultas y refinadas expresiones utilizadas por los profesores, proporcionan un ritmo absorbente que permite disfrutar de una agradable sucesión de hechos en los que se ven involucrados este simpático grupo de marginados intelectuales. Bola de fuego es una gran comedia, que posee los ingredientes necesarios para ofrecer lo que promete, gracias al trabajo de su elenco, de su excelente director, Howard Hawks, y de su espléndido guión. No ocurriría lo mismo años después, cuando el propio Hawks realizó el remake Nace una canción, interpretado por un Danny Kaye (carente del talento y de la presencia de Gary Cooper) que resulta algo cargante y su puesta en escena, a pesar de basarse en la historia de original y de tratarse del mismo director, carece del atractivo de esta.

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